Homilía IV Domingo del Tiempo Ordinario, por D. Óscar Lavín Aja, Vicario Episcopal para la Evangelización

Ilmo. Sr. D. Oscar Lavín Aja

D. Óscar Lavín Aja

Las bienaventuranzas son como una casa. Y a la casa tenemos que entrar por la puerta. Os propongo meditar sobre la puerta de entrada a las bienaventuranzas.

¡¡¡Las bienaventuranzas no son un programa ÉTICO que tengamos que cumplir!!!: hay que ser pobre, hay que luchar por la justicia, hay que ser misericordioso, hay que ser manso y no violento, hay que construir la paz… Jesucristo no nos trajo un mensaje ético.

Benedicto XVI en su primera encíclica Dios es Amor, nos dijo que nadie comienza a ser cristiano por un ideal ético, sino por un encuentro vital en la vida de cada uno del Cristo vivo en cada hoy de la historia de cada ser humano de este mundo. Dios se encuentra con cada ser humano. La gracia, Dios la ofrece a todos, todos, todos…Por ello, hablar de la fe es un tema “delicado”, misterioso y sorprendente porque Dios hace amistad con cada ser humano por caminos diversos.

Tenemos tan metido que Jesucristo nos manda hacer y hacer… que reducimos su mensaje a moral, ética o comportamiento. ¿Qué significa reducir? Es como entrar en una casa y que solo te enseñen el baño. Entonces la casa pasa a ser el baño. No hay nada más.

¡Cuánta gente oirá esta Palabra y traducirá en su mente y en su vida que hay que ser pobre, hay que luchar, hay que ser y hacer, y hacer…!

Y ¿qué consecuencias tiene esto para un creyente? Que nunca entenderá a Jesús.

Y ¿qué supone no entender a Jesús? Que no puedo seguirle.

Y ¿qué supone no seguir a Jesús? Que no es posible desarrollar todas las posibilidades humanas que hay en cada persona.

Y ¿qué supone que yo en mi vida no desarrolle todas mis posibilidades humanas? Cada uno de nosotros puede contestar a esta pregunta… y seguramente encontraremos muchas respuestas a cómo hacemos el mundo los humanos y la causa de nuestra NO PLENITUD de VIDA (=bienaventuranza).

La consecuencia más práctica de entender la fe en Jesucristo como un esfuerzo ético-personal por cumplir lo que Él “creemos” que nos manda y ordena es hacer de la Iglesia una ADUANA. En una aduana se para a la gente, se la registra, se la lee la ley, se mira que todo esté en ORDEN, para que pueda pasar. No es mucho imaginar que hemos construido estas aduanas… así nos hemos vuelto en “dueños de la gracia”. Esta crítica del papa Francisco iba especialmente al clericalismo. La forma de entender el sacerdocio como dueño y señor de todo, y sobre todo dueño del “mismo Dios”. El des-orden de no entender a Jesús conlleva construir una iglesia que no SALVA.

            Entonces, usted ¡¿qué propone?!: ¿nada de normas, que todo vale, que ancha es Castilla? ¿Cómo van a tener el mismo derecho o premio el que se porta bien del que se porta mal? Cuando se plantea el tema de la gracia de Dios como absoluta misericordia es normal que no entendamos nada porque seguimos en el terreno de la LEY y el ORDEN (“nuestro orden humano”). Lo primero que nos dice el Señor es CONVERTÍOS. Pero NO MORALMENTE, sino cambiar la MENTALIDAD (metanoia). Y ¿qué es la mentalidad? Podríamos resumirlo en “la forma que tengo de ver la vida, a los demás, a Dios … a todo”. Hay dos formas religiosas de ver la vida: los mandamientos y la ley de cumplimiento y las bienaventuranzas y la lógica del Don de Dios. Desde la gracia y el don de Dios verás como eso que llamamos moral… se va recolocando, sanando, y la misericordia aparece en TI como un REGALO de Dios y no como una conquista de puños y esfuerzo nuestro.

            Torpemente he querido compartir esta meditación de la puerta de entrada a las bienaventuranzas. No entres por el esfuerzo moral de cumplirlas… no entenderás a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios vivo.

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