D. Jesús Casanueva Vázquez
Los ideales del Reino de Dios se han hecho realidad en la persona de Cristo que, en el evangelio de este domingo, es señalado por Juan el Bautista como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, el ungido por el Espíritu Santo, el Hijo de Dios. El evangelio de hoy explica el significado del Bautismo del Señor, que celebrábamos el domingo pasado.
En el pasaje evangélico de este domingo Juan Bautista nos da un perfil teológico y humano de Cristo. Él ha venido a liberar al hombre del pecado. Esto nos hace tomar conciencia de la realidad el pecado en nuestro mundo y en nuestras vidas. No podemos dar espacio al pecado, porque siempre nos lleva por el camino del mal y no nos hace felices. Pensemos que detrás de todas las calamidades que acontecen en el mundo está el pecado de los hombres. Tomar conciencia del pecado es asumir nuestra responsabilidad para con Dios, con los hermanos y con la tierra en que vivimos.
Nos dice Juan Bautista que el Espíritu Santo ungió a Jesús en el Jordán. Esta clave nos ayuda a entender que no se trata sólo de no pecar, sino de vivir al aire del Espíritu. Muchas veces se nos habla de los que mueven los hilos de la sociedad y del mundo, de esos complots masónicos y malignos que tratan de desestabilizar el mundo. Independientemente de la influencia de estas organizaciones, nosotros debemos vivir según Dios, y eso es dejar que el Espíritu Santo nos inunde con su gracia y nos guíe en la vida. Para tomar el pulso a nuestra existencia debemos preguntar al Señor sobre nuestra conducta y nuestros actos, no mirarnos en el espejo de una sociedad donde todo vale y que lo justifica todo.
Termina el evangelio de hoy con una frase sencilla, pero llena de contenido: “Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”. Hagamos nosotros lo mismo. Demos testimonio alegre de vivir según Dios, y señalemos a otros, como lo hiciera Juan Bautista, dónde está Jesús y quién es.
