Marcaba el reloj las seis de la tarde de este domingo de la Sagrada Familia cuando por el pasillo central de la S.I.B. Catedral de Santander caminaba la comitiva de sacerdotes que acompañaban a nuestro Obispo, D. Arturo Ros y al Cardenal D. Carlos Osoro camino del altar para celebrar la Eucaristía de clausura del Año Jubilar, «Peregrinos de Esperanza». Una emotiva ceremonia que ha supuesto el broche de oro a este Jubileo del que salimos, si cabe, como una diócesis más fuerte, fruto de esa fe alimentada a lo largo de un año tan especial como este 2025.
Nuestro Obispo, D. Arturo, ha compartido también en su homilía una reflexión sobre la Jornada de la Sagrada Familia, coincidente con esta clausura y cuya celebración se llevó a cabo este sábado: «La familia es la “Iglesia doméstica”, y está llamada a testimoniar los valores evangélicos y del Reino de Dios «contribuyendo a la santificación del mundo desde dentro a modo de fermento» (LG 35)».
Centrado ya en la clausura de este Jubileo, D. Arturo ha hecho especial hincapié en la esperanza, centro de este Jubileo y elemento dinamizador principal: «Estrenamos un tiempo nuevo, con múltiples posibilidades de aumentar nuestra esperanza en un mundo que necesita de cada ser humano. Es tiempo de vislumbrar horizontes de vida, allí donde la esperanza parece oculta. Ahora es el momento de dinamizar nuestra fe, de ser personas comprometidas en situaciones que reclaman nuestro amor y cuidado. El Señor abre de nuevo la puerta de la esperanza, no la cerremos, aún tenemos mucho que ver… y esperar».
En este punto, ha recordado al Papa Francisco y ha ofrecido un gesto de gratitud hacia el Papa León: «Demos gracias a Dios por este Año Jubilar. Nuestra inmensa gratitud y recuerdo emocionado por el querido y recordado Papa Francisco, que convocó este Jubileo y nos contagió de esperanza y de alegría. También nuestra gratitud y oración por el Papa León XIV que con tanta delicadeza y entrega nos acompaña en el camino de la fe y nos anima a tener esperanza».
Asimismo, ha aprovechado para presentar una serie de preguntas a modo de interpelación a la comunidad diocesana: «Gracias a toda la comunidad diocesana por lo vivido y celebrado estos meses. ¿Tienes esperanza? ¿Tienes más esperanza? ¿Estamos dispuestos a sembrar esperanza por toda la Diócesis? ¿Queremos salir del letargo y animarnos a ser testigos con esperanza? ¿Olvidaremos nuestras viejas y aburridas historias que nos enfrían y distancian y nos esforzaremos por poner en práctica la mutua admiración con esperanza?».
Las colectas a lo largo de este año en las diferentes celebraciones enmarcadas dentro del Jubileo han sido destinadas a la lucha contra la trata de personas. La colecta de esta celebración ha sido la última de las destinadas en este año a las hermanas Adoratrices, tal y como ha explicado D. Ricardo Alvarado, Vicario Episcopal para la Acción Caritativa y Social.
Esta clausura ha puesto fin a un Jubileo cargado de actividades y celebraciones y en el que las casi veinte peregrinaciones a la Catedral de Santander han sido uno de sus puntos clave. La convivencia entre las parroquias de los arciprestazgos y el hecho de compartir momentos a través del encuentro o de las actividades propuestas por la diócesis, ha sido fundamental para acrecentar esa esperanza de la fe y para visibilizar la fortaleza de nuestra diócesis, que camina unida, precisamente por esa esperanza, que nunca jamás nos defrauda.







