Este miércoles, 10 de junio, por la tarde, el Papa León XIV ha presidido una solemne Eucaristía en la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, que ha concluido con la bendición de la torre de Jesucristo.
A su llegada al templo, ha sido recibido por S.M. los Reyes de España, el presidente del Gobierno y el presidente de la Generalitat, entre otras autoridades.
Un momento inesperado y emocionante lo ha protagonizado Valentina, una niña de 13 años con discapacidad visual que ha explicado al Papa la Torre de Jesús a través del tacto y de una maqueta accesible tridimensional. Un gesto, impulsado por la ONCE, que ha dado visibilidad a la importancia de la accesibilidad en el mundo, también en la cultura.
Posteriormente, el Santo Padre se ha dirigido a la cripta, para rezar ante el Santísimo y la tumba de Antonio Gaudí, arquitecto impulsor de la construcción del templo, declarado venerable el 14 de abril de 2025 por el Papa Francisco.
Piedras vivas
La Eucaristía se ha convertido en una solemne acción de gracias por el esfuerzo colectivo de las cinco generaciones de arquitectos, artesanos, obreros y donantes que, a lo largo de más de un siglo, recogieron el testigo del genial maestro.
En su homilía, el Papa ha señalado que “esta iglesia es un único edificio, compuesto por muchas piedras. Una casa que crece con constancia a lo largo de los años, siguiendo un mismo proyecto. Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo”.
“No habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción”, ha dicho. “Su imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama”.
En alusión al Evangelio proclamado, ha recordado que Cristo “quiere para nosotros el bien definitivo, eterno” y que “ante la amenaza del mal, el Señor está siempre con nosotros, siempre a nuestro favor”. “El Emmanuel”, ha explicado, es “fuente de gracia y perdón, de salvación y de vida nueva”. Por ello, “si no creemos en Jesucristo, permanecemos en el pecado y no sólo morimos nosotros, sino que provocamos la muerte del prójimo”. “No podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”, ha aseverado.
“Al admirar la torre de Jesucristo”, ha añadido, “alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que solo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos. Mirando a Cristo podemos ver el mundo con ojos renovados: la torre de la cruz se convierte entonces en estandarte de caridad, porque Dios nos ama así, transformando un instrumento de muerte en signo de esperanza”.
“Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antonio Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros”. A continuación, ha manifestado su gratitud a todos los “promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz”.
“La belleza de este templo nos anima a aprender cada vez más de nuestro Maestro y Señor el arte de vivir según su Evangelio. Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo (cf. 1 Sam 2,8). Y demostremos así que la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en esta tierra de Cataluña, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo”, ha concluido.
Torre de Jesucristo
Al término de la Misa, el foco de la celebración se ha trasladado al exterior del templo para el momento más esperado de la jornada: la bendición de la Torre de Jesucristo.
Un magnífico espectáculo tecnológico de luz y color, diseñado especialmente para la ocasión, acompañado por la Escolanía de Montserrat, ha puesto el broche de oro a un acto en el que el Pontífice inauguró el punto más elevado y simbólico del templo. La proyección visual envolvió la Torre de Jesucristo y las estructuras adyacentes, dibujando sobre el firmamento un poema luminoso como tributo estético a la visión naturalista y el cuidado del detalle de Gaudí, clausurando una jornada que forma parte de la historia de la arquitectura universal y de la Iglesia que peregrina en Barcelona.
El obispo de Santander, monseñor Arturo Ros, ha sido testigo de este espectáculo en primera. “Hemos concelebrado con el Santo Padre. Y, después, hemos asistido a la bendición de la Torre. Ha sido una celebración muy bonita, participada y sentida, que ha concluido con la apoteosis de la bendición de la Torre de Jesucristo”.
En este enlace se puede ver el video con el acto de inauguración de la Torre de Jesucristo.


