Este mes de julio han dado comienzo los diferentes campamentos organizados por los Scouts Católicos de Cantabria. Como explica Alba González, responsable de comunicación, y miembro del Grupo Scout Covadonga, “este verano participarán alrededor de unos 400 niños, niñas y jóvenes, además de todos los voluntarios que llevan trabajando meses para hacer posibles estas actividades. Cada grupo las organiza como consideran mejor: unos, por edades; otros, todos juntos; hay grupos que se van 15 días, y otros que únicamente pueden ir una semana…”.
“Tenemos algunos campamentos que han empezado -indica-, como el del Grupo Scout Helvaqui, el Grupo Scout Escobedo y el Grupo Scout Cachón. El Grupo Scout Santiago está a punto de empezar. La semana que viene lo hace el Grupo Scout Covadonga. Y el Grupo Santo Cristo y Vivak, a finales de este mes y principios de agosto, respectivamente”.
“Algunos grupos -comenta- solo llevan a los campamentos a los niños que han estado trabajando en el proyecto educativo durante todo el curso, y es como broche final a todo un año de trabajo. Sin embargo, hay grupos que abren la admisión, para dar una oportunidad a los menores de la comunidad a que se unan y descubran qué es esto del escultismo”.
Acampadas todas ellas distribuidas “por la geografía española. Hay grupos que hacen sus campamentos en Cantabria, otros se van a Palencia, a Burgos… Depende de las posibilidades que tengamos. Sobre todo, buscamos garantizar el buen tiempo, para poder disfrutar de las actividades al aire libre y del contacto con la naturaleza, que es lo que a nosotros nos mueve más para llevar a cabo estos campamentos”.
Campamento Scout
Para Alba, los campamentos Scouts “se viven de una forma muy intensa. Durante unos días los niños, las niñas, los jóvenes y los voluntarios dejan a un lado las pantallas, los teléfonos, todo lo que tenemos alrededor que nos distrae día a día, para conectar con lo que realmente significa convivir, montar una tienda, cocinar juntos, hacer una ruta por la montaña, superar retos o simplemente disfrutar de un momento de reflexión en la naturaleza”.
“También -prosigue- es una experiencia que les ofrece la posibilidad de hacer nuevos amigos, aprender a ser más autónomos, descubrir capacidades que ni siquiera ellos mismos sabían que tenían. Y es un momento de conexión con Dios. Al final vuelven muy cansados, pero también mucho más seguros de sí mismos y con unos recuerdos que, te puedo garantizar, perduran toda la vida”.
Insiste en que “el campamento es solo el broche final. Porque, lo que intentamos durante el curso, y a través de todas nuestras actividades, es ayudarles a crecer por sí mismos, a ser más autónomos, a trabajar en equipo, a respetar a los demás, a cuidar de la naturaleza y también a asumir responsabilidades desde que son muy pequeños”.
Confiesa que “queremos educar personas comprometidas con su entorno, con su comunidad y con el movimiento. Al final desarrollan habilidades que son muy útiles para su propia vida, como la comunicación, la empatía, el liderazgo, incluso la capacidad para resolver problemas. Siempre decimos que el Scout sonríe ante las dificultades. Es una de las cosas de las que nos sentimos muy orgullosos: es una parte de nuestras leyes, y lo hacen sin darse cuenta, porque van aprendiendo jugando, conviviendo y viviendo experiencias reales juntos”.
Escultismo católico
El escultismo católico, recuerda, “es un movimiento educativo que está dirigido a niños, niñas y jóvenes, y que utiliza el método Scout para educar a través del juego, el contacto con la naturaleza y el servicio a los demás. Se basa en tres pilares fundamentales: la educación, el contacto, y el servicio a los demás, además de la fe, que en el escultismo católico se traduce a través del catolicismo. Nosotros trabajamos esta parte desde los valores del evangelio”, remarca.
“Nuestro proyecto básico -señala- se fundamenta en los valores humanos y en los valores cristianos. Busca formar personas responsables, comprometidas, autónomas y, sobre todo, que sean capaces de dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos, de mejorar un poco la sociedad que nos rodea. Nosotros no queremos formar buenos scouts, sino que se conviertan en buenas personas para el mundo en general. Y, por eso, lo hacemos a través de las experiencias”.
Por ejemplo, continúa, “aprendiendo a convivir, como en los campamentos”, o “trabajando en equipo, como en los proyectos durante el curso”, y “asumiendo distintas responsabilidades, desde los más pequeñitos, que tienen 6 años, hasta los más mayores, que están en torno a los 21 años. Y descubriendo que todos tenemos algo que aportar en la medida de nuestras posibilidades, tanto los pequeños como los medianos o los mayores”.
Vinculación parroquial
“El escultismo en Cantabria -asegura- tiene una larga trayectoria. En 2021 celebramos el 50 aniversario, ya que la asociación nació en 1971. Sin embargo, ya existían grupos católicos que desarrollaban su labor con anterioridad en las distintas parroquias de Cantabria. Pero, con la creación de la asociación, nos unimos en torno a un proyecto común para llevar el escultismo católico un paso más allá en nuestra comunidad. Y desde entonces hemos seguido creciendo. Hoy, afortunadamente, superamos los 550 niños, niñas y jóvenes, y contamos con 110 responsables, que se ocupan de acompañar a esos jóvenes en el proceso de desarrollo personal”.
Grupos Scouts Católicos que, en nuestra diócesis, están vinculados a parroquias. “Somos más de 600 Scouts, repartidos por cinco municipios de la comunidad autónoma. Tenemos siete grupos, de los cuales tres están en Santander: el Grupo Scout Vivak Santa Lucía, el Grupo Scout Santiago y el Grupo Scout Santo Cristo, todos ellos en las parroquias del mismo nombre. En la zona de Camargo hay dos: el Grupo Scout Cachón, en el Alto de Maliaño, y el Grupo Scout Escobedo, en la parroquia de Escobedo. En la zona de la Cuenca del Besaya tenemos el Grupo Scout Covadonga, que se sitúa en el barrio Covadonga de Torrelavega, y en la zona de Reocín está el Grupo Scout Helvaqui, de las parroquias de Helguera, Valles y Quijas”.
Además, añade, “contamos con un grupo de jóvenes más mayores, de entre 18 y 21 años, llamado Agrupación Ruta Vindios, que acoge a todos los ‘rutas’, que son ese grupo de edad de toda Cantabria que quieren formar parte de ella”.
Durante el año, “cada grupo desarrolla sus actividades en su localidad, aunque también hay encuentros y acciones conjuntas, como la Luz de la Paz de Belén, en diciembre. Este año, tuvimos la suerte de celebrarlo con el resto de la diócesis, en la Catedral de Santander, y presidida por nuestro obispo. También nos reunimos todos en torno a san Jorge, que es nuestro patrón. Y, una vez al año, nos juntamos por las Ramas, por grupos de edad, para hacer pequeñas acampadas. La idea es que conozcan todos los niños, y que vivan experiencias compartidas, mucho más allá de su comunidad o de su grupo”.
Proyecto educativo
A esto se añade “un proyecto continuo que desarrollamos durante el año, normalmente los sábados, aunque depende de la organización propia de cada grupo. Trabajamos los valores scout o la ley scout, que está basado en las bienaventuranzas. Y lo hacemos desde la perspectiva de pequeños proyectos en los que los pequeños gestos puedan ayudar a fomentar la autonomía, la responsabilidad y la independencia de nuestros chavales”.
Un trabajo que suele culminar en verano. “Para nosotros es uno de los momentos más especiales del año, ya que organizamos campamentos en plena naturaleza, con rutas, juegos, talleres, actividades de aventura, juegos de rol, veladas, tiempo para la convivencia, para la espiritualidad…. Cada campamento tiene una temática diferente, que sirve como hilo conductor de todas las actividades. Con él conseguimos que los niños, aparte de divertirse, los niños trabajen también esos valores y vivan una experiencia que difícilmente se olvida, y que va más allá eh de lo que ocurre esa semana. Luego se pueden llevar a casa ese trabajo compartido”.
Vivencia Scout que Alba recomienda sin dudar. “En septiembre, octubre, empezamos nuestro curso escolar. Se pueden incorporar nuevos niños, niñas y jóvenes. Si alguien está interesado, lo más sencillo es que se pongan en contacto con nosotros a través de la página web, de nuestras redes sociales o por teléfono, y ahí podremos orientarles sobre cuál es el grupo más cercano. Podrán venir a conocerles sin ningún tipo de compromiso”.
“Recomiendo el escultismo -apunta-, porque ofrece algo que hoy cada vez es más difícil de encontrar: tiempo para convivir con gente de su edad, para descubrir la naturaleza, para trabajar la espiritualidad, para hacer amigos de verdad, para crecer como personas. Y todo ello acompañado de gente que ha pasado por ese mismo proceso, que son educadores voluntarios, que trabajan de forma altruista durante todo el año, porque creen que esa educación basada en los valores cristianos, el compromiso y el servicio a los demás, es algo que tenemos que trabajar día a día, y en comunidad”.
“Creo que cualquier familia que conozca de cerca el escultismo va a entender muy rápido por qué tantos niños y jóvenes deciden quedarse durante años. Es algo que las familias nos trasladan continuamente, confianza que nosotros agradecemos muchísimo, al dejarnos sus niños durante una semana, 15 días, el tiempo que sea, y durante todo el curso, para colaborar de alguna forma en su educación en valores y en su desarrollo personal”, concluye.




