La Catedral de la Asunción de Santander ha acogido esta mañana la celebración de una solemne Eucaristía con motivo de la festividad de los Santos Mártires, Emeterio y Celedonio, patronos de Santander.
Presidida por monseñor José Vilaplana, obispo emérito de Huelva y obispo de Santander entre 1991 y 2006, han concelebrado el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, los miembros del Cabildo catedral y algunos sacerdotes de la ciudad.
A la Misa han asistido las autoridades civiles y militares, entre ellas la alcaldesa de Santander, Gema Igual, varios concejales, representantes del Parlamento, el delegado del Gobierno, Pedro Casares, y una representación del Gobierno regional, además de miembros de cofradías, hermandades, y fieles y devotos.
Cantada por el Coro Salcedo Valle de Piélagos, ha comenzado con una procesión de entrada, en la que se ha entonado el himno de los Santos Mártires.
En su homilía, monseñor Vilaplana ha expresado su agradecimiento a monseñor Ros “porque me has concedido hoy sentarme en esta cátedra, que solo a ti te corresponde”. Recordando que la ocupó durante 15 años, “hacía 20 años que no compartía con vosotros esta fiesta”.
A continuación, ha elegido una frase del salmo cantado, “el Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”, que expresa “lo que sentimos en nuestro corazón”, porque el Señor “nos ha concedido el don de la vida”, y “compartir la misma fe de los mártires Emeterio y Celedonio”.
“Los Santos Mártires”, ha proseguido, “están en el origen de nuestra iglesia y de nuestra ciudad”. Unos “soldados romanos que cambiaron las armas del emperador por las armas del amor que habían aprendido de Cristo”, lo que los llevó a “perder su vida”. Decapitados en Calahorra, “Santander tiene el honor y la alegría de guardar sus insignes reliquias desde hace tantos años”. Por eso, ha invitado a los presentes a imitar a los Santos Mártires, ya que “el Señor les concedió, no solo vivir, sino morir como Cristo” y “la semilla de su sangre” tiene que“rebrotar en nuevos cristianos”.
Para el prelado, no es lo mismo ser alumno que ser discípulo. “El discípulo no puede vivir sin conectar con el maestro” que “le enseña viviendo”. En este sentido, ha mencionado la importancia de encontrar maestros en la vida, “que enseñen a vivir con sabiduría” y “a descubrir las claves profundas de la vida”. “Jesús -ha afirmado- es el maestro” y “Emeterio y Celedonio fueron discípulos, aprendices de esa forma de vida que es vivir como Jesús, en la humildad, en el servicio, en la confianza en Dios, en un amor entregado a los hermanos”.
“Nuestra época -ha insistido- necesita cristianos entusiasmados por Cristo, enamorados de Cristo” que quieran “caminar con él”, y “aprender de él”. Por eso, ha exhortado a pedir, por intercesión de los mártires, que nuestra fe “se convierta en testimonio”. “Los mártires eran capaces de ir contentos al martirio, porque sabían que su vida estaba en manos de Dios” y que “dar la vida por Cristo era aprender a vivir de verdad, entrando en la vida eterna”.
“Todos -ha asegurado- tenemos que florecer en la vocación que Dios nos ha dado”, pero “enamorados de Cristo, entusiasmados por Cristo, con una alegría que nadie ni nada nos pueda arrebatar”. De manera que, ante la pregunta “¿de dónde sacáis esa alegría?”, podamos responder “de esta fuente en la que bebieron los mártires: la fuente del amor de Cristo, que por amor a nosotros entregó su vida y nos ha entregado a vivir sirviendo, a vivir amando, a vivir entregando también la vida por los hermanos”.
Ha concluido manifestando su deseo de que “los santos mártires nos concedan esta gracia de un testimonio fuerte en medio de nuestra sociedad. Que no nos conformemos con ser mediocres, sino que, con los santos, redescubramos nuestra vocación por todos de ser santos”.
Al finalizar la Eucaristía, monseñor Ros ha tomado la palabra para saludar a todos los presentes, en especial a unos peregrinos de Cardona, “fieles devotos de san Emeterio y san Celedonio”, que habían asistido a la celebración. Y para expresar “un sentimiento muy especial de gratitud” a monseñor Vilaplana, a quien, “en nombre de toda la diócesis”, ha dado las gracias por su presencia. “Fueron aquellos 15 años intensos, de servicio y de entrega, de los que hay una gran huella”. Gratitud extensiva por “su modo de ser y de vivir el ministerio sacerdotal” y “episcopal”. “Bienvenido otra vez a esta tierra bendita”.



