Organizado por la Delegación Episcopal para la Protección de Menores, el programa de formación continua para la protección de menores está dirigido a todos los miembros de las comunidades educativas de los colegios diocesanos, con el deseo de fomentar una cultura de respeto y protección de la infancia, adolescencia y personas vulnerables y, al mismo tiempo, garantizar que nuestros entornos sean seguros para ellos.
Este jueves, 3 de septiembre, a las 9 de la mañana, ha dado comienzo en el Colegio Miguel Bravo, del Barrio Pesquero, con una charla que, bajo el título Protegiendo las vidas que el Señor nos ha encomendado, ha sido impartida por la hermana Mª Andrea, SCTJM, con amplia experiencia como agente de protección de menores en los ámbitos pastorales y educativos. A modo de apuntes generales, ha esbozado algunas “herramientas prácticas que se pueden utilizar para promover el cuidado de un ambiente seguro en el cual los niños puedan crecer en el conocimiento de su identidad como hijos de Dios”.
La sesión ha sido introducida por el párroco de Nuestra Señora del Carmen (Barrio Pesquero) y director titular de este centro, Sergio Llata Peña, quien la ha enmarcado dentro de las exigencias del Protocolo Diocesano de Prevención y Actuación ante casos de abusos, para garantizar el cuidado y protección de nuestros menores. “Pienso -ha dicho- que es un modo de afianzar lo que ya se esté haciendo bien, de fortalecer y crecer en responsabilidad, y de tomar mayor conciencia de la labor de los educadores, y especialmente con identidad cristiana”.
Por su parte, el director pedagógico, Wenceslao Martín Díaz, ha manifestado que “esta formación pretende hacer al profesorado del colegio participe del compromiso de la Iglesia con la protección de los menores”.
La mañana ha continuado a partir de las 12 de la mañana en el Colegio Bellavista-Julio Blanco, en el barrio de Cueto, donde se ha desarrollado la misma formación con todo el claustro del centro educativo. Su directora pedagógica, Silvia Mier Pedrosa, ha señalado que “es una iniciativa pedagógica para sensibilizar al claustro y conocer medidas concretas que nos faciliten crear espacios seguros”.
Desde la Delegación de Protección de Menores se pretende una formación continua para lograr el buen trato entre todos, siendo fieles al mandato del Señor Amaos como yo os he amado. Además, se busca que las realidades pastorales y educativas de la Diócesis sean un faro luminoso en la sociedad, en la que muchas veces los menores y adultos vulnerables están desprotegidos, para que en todo tiempo y lugar la dignidad del ser humano sea respetada.


