El pasado lunes, 21 de septiembre, daban comienzo en el Seminario diocesano de Monte Corbán las XXII Jornadas Diocesanas de Formación Pastoral. Convocadas con el lema La Conversación en el Espíritu, se presentaban con novedades, ya que este año se iba a aplicar ese método en las dinámicas de los grupos.
El obispo de la diócesis, monseñor Arturo Ros, ha sido el encargado de clausurar el encuentro con una Eucaristía, celebrada en la capilla del seminario. En su homilía, expresó su profundo agradecimiento a la Iglesia: “Se lo debo todo. Nada tendría sentido en mi vida sin la Iglesia, en cada momento de mi vida”, remarcó. Recordando tantos rostros y tantas personas como ha encontrado, y que forman parte de su camino, afirmó que “amo a la Iglesia apasionadamente”. Por eso, cuando ve cosas que no funcionan bien, le duele, ya que desea que también sus diocesanos amen a la Iglesia.
Recordando que todos somos la Iglesia, que “es tu familia, tus hermanos y tus hermanas”, se mostró orgulloso de ser Iglesia, “de la Iglesia de Jesús, como bautizado y discípulo”.
Ante el camino que se abre después de lo vivido en las jornadas, animó a los presentes a poner en práctica lo trabajado, porque “lo haremos como Iglesia”. “Nuestro futuro es ser Iglesia y ponerla en práctica”, insistió. Y concluyó agradeciendo el camino compartido, al tiempo que manifestaba su deseo de seguir caminando juntos.
Estas XXII Jornadas Diocesanas de Formación Pastoral han suscitado en todos los asistentes una valoración muy positiva.
Para Raquel García, delegada de Catequesis, “estas jornadas siempre son un gozo, porque es como el pistoletazo de salida para el curso pastoral. Es muy bueno encontrarse, y hacer comunidad”. En concreto, “este año, el trabajo ha girado en torno a la Conversación en el Espíritu. Ha sido muy enriquecedor que todos tengamos la oportunidad de poder hablar, de ser escuchados, de escuchar, con el fin de hacer una iglesia unida y que trabaje con coherencia para transmitir la buena noticia de Cristo. Ha sido un regalo, y una grandísima oportunidad, y espero que tenga muchos frutos”.
La hermana Catalina Verónica, religiosa de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, siente que “ha sido un gran honor estar en estas jornadas de formación. Escuchar para abrirnos a lo que el Espíritu está hablando a nuestra diócesis de Santander”. Una experiencia “muy enriquecedora tanto la práctica de la escucha como poder compartir con muchas personas, que están sirviendo en la diócesis. Escuchar, pero también aportar lo que el Señor mueve nuestros corazones a la hora de orar, y llevar a la oración todo lo que recibimos en las diferentes charlas que hemos tenido al inicio de cada jornada”.
“Para mí ha sido muy importante cómo hemos abierto realmente nuestro corazón” y “cómo nos hemos abierto a la escucha de lo que el Espíritu está hablando, a través de nosotros, a nuestra diócesis. Creo que ha sido muy enriquecedor para todos escuchar y compartir, recibir lo que el Señor habla a nuestros corazones. Todo ello a través de la dinámica de reunirnos, debatir y conversar dentro de ese dinamismo de la escucha y el compartir, pero desde el respeto y el amor. Pienso que estas jornadas van a dar muchos frutos”.
Isabel Rueda, perteneciente a la parroquia del Santo Cristo de Muriedas, Maliaño, califica su experiencia en estas jornadas como “muy bonita, porque ha sido algo diferente. Hemos conversado en el Espíritu. No sabía de qué iba, pero ha sido compartir con los demás lo que es ser Iglesia, y descubrir que la Iglesia no es solamente tu parroquia, sino que es universal, y es todo lo que está alrededor. Además, he conocido a muchas personas. Hemos podido hablar entre todos, y escucharnos. Ha sido una experiencia muy enriquecedora”.
También Pepe Rincón, de la parroquia San Juan Bautista de Colindres, comparte su opinión. “La verdad es que las jornadas han estado muy bien organizadas, y también la Conversación en el Espíritu. Por lo menos, la que ha habido en mi grupo ha sido estupenda. Creo que ha sido afectiva y efectiva la relación que se ha creado, y que los resultados van a ser positivos”.
La religiosa de los Sagrados Corazones, Pilar Ruiz de la Prada Mazorra, trabaja en las parroquias de Santiago y el Barrio Pesquero en Santander. “He participado en las jornadas de formación del año pasado y de este. Por lo que he visto y tratado con la gente, ha habido un cambio sustancial en la manera de enfocar las Jornadas. Pienso que ha supuesto una mayor convivencia entre todas las personas que trabajan en los distintos sectores de las parroquias, y un enriquecimiento muy grande”.
“También se ha hecho mucho hincapié en la cuestión de la escucha al Espíritu, y de que esa escucha presida el discernimiento que es necesario en todo trabajo, en toda gestión y en todas las decisiones”, comenta. “Ha habido una atención importante a la oración y al cuestionamiento personal. Y todo eso lo hemos tratado en distintos grupos, lo que ha supuesto también un compartir a nivel de necesidades, de ilusiones, de dificultades y de esperanzas”. Para Pilar, “a la hora de hacer una evaluación, como valor fundamental ha salido la alegría con la que hemos vivido estas jornadas, y también la esperanza para ayudar en el cambio y en la puesta en marcha de una nueva visión de las parroquias, en donde vivamos la sinodalidad y donde se promueva la participación y el compromiso de cada uno de los fieles”.
Desde Corrales, ha venido cada día de esta semana Yolanda Díaz. “Me han parecido unas jornadas muy interesantes, a todos los niveles: participación de compañeros, opiniones distintas… Para mí ha sido muy enriquecedor. Me han llevado a la reflexión personal de esas opiniones distintas. Y me he sentido libre de poder aportar, compartir, opinar”. Lo que más le ha gustado ha sido “la dinámica, cómo se ha llevado todo, y que se pueda opinar, compartir, en qué se puede mejorar. Pero, si tuviera que decir algo, me quedo con el momento de oración, que para mí ha sido corto, porque a veces necesitas un poco más de reflexión para sentir a Dios y descubrir lo que quiere de ti”.



