Este jueves, 24 de septiembre, han concluido en el Seminario de Corbán las Jornadas diocesanas de formación pastoral que se han venido desarrollando desde el pasado lunes con el tema La Conversación en el Espíritu.
En la asamblea general, que ha tenido lugar por la tarde, se han presentado las conclusiones, todas ellas centradas en la construcción de una Iglesia más acogedora, participativa y misionera.
Entre otras cosas, se ha propuesto la posibilidad de avanzar hacia un modelo sinodal y horizontal en el que se potencie más el papel de los laicos, y el de las mujeres. También se ha resaltado la necesidad de una renovación interior personal que lleve a proyectar un testimonio cristiano de alegría, cercanía y compromiso con los más necesitados.
Se ha pedido unificar los criterios pastorales, y usar nuevos lenguajes y tecnologías para conectar con la juventud y la sociedad actual. Y, por último, buscar la transformación de la diócesis en un hogar inclusivo que priorice la formación madura, la escucha activa y la coherencia con el mensaje del Evangelio.
Todas estas aportaciones se han estructurado en torno a las tres preguntas fundamentales planteadas por el obispo, monseñor Arturo Ros:
- ¿Qué Diócesis queremos construir? ¿En qué dirección queremos ir?
- Comunidad acogedora y alegre: Construir una Diócesis viva, abierta a todos, cercana, empática y contagiosa al modo de los primeros cristianos, deseosa de volver al origen del Evangelio.
- Pueblo de Dios horizontal: Una Iglesia menos clerical y más participativa, donde se reconozca el papel de cada persona y se potencie la corresponsabilidad de los laicos.
- Centrada en Cristo y en salida: Guiada por el Espíritu Santo y orientada únicamente hacia Jesús, que anuncie el Evangelio con valentía, sin miedos ni complejos, y que resulte atractiva para los jóvenes.
- Inclusiva, humilde y unida: Un hogar donde tengan cabida todas las tendencias y opiniones, priorizando a los más necesitados y viviendo en comunión fraterna.
- Coordinada y simplificada: Fomentar el trabajo en equipo, la agrupación de parroquias para ganar eficacia y la reducción de la burocracia.
- ¿Qué estamos llamados a cambiar?
- Superación del clericalismo y del individualismo: Pasar del «yo» al «nosotros», eliminando los egos, la moralina y las estructuras jerárquicas rígidas para construir una verdadera Iglesia sinodal.
- Ruptura con la inercia: Abandonar la postura del «siempre se ha hecho así», salir de la zona de confort y atreverse a emplear nuevos lenguajes y redes sociales.
- Vencer localismos y personalismos: Superar la visión limitada de «mi parroquia» en favor de una visión amplia de «mi diócesis».
- Mayor escucha y flexibilidad: Moverse hacia celebraciones eucarísticas más alegres y no rígidas, y consultar a la comunidad; dar voz al pueblo de Dios.
- ¿Dónde debemos renovarnos?
- Conversión interior e intimidad con Dios: Reconocer que la renovación diocesana empieza en uno mismo, cultivando la vida interior, la oración profunda, la escucha y la Eucaristía.
- Reconocimiento y responsabilidad de la mujer: Incrementar la presencia activa de las mujeres en la vida y toma de decisiones de la Iglesia.
- Formación de adultos y lenguaje: Renovar los procesos de iniciación cristiana para promover una fe madura, ofreciendo encuentros formativos más efectivos y menos doctrinales.
- Sensibilidad pastoral y presencia social: Acoger con empatía las situaciones que causan sufrimiento, unificar criterios en un plan pastoral común y fortalecer la presencia pública de la Iglesia ante las problemáticas de la sociedad.


