El pasado sábado, 22 de agosto, se cumplía el primer aniversario de la llegada a la diócesis de Santander de la comunidad de religiosas Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María (SCTJM), integrada por las hermanas María Andrea, Catalina Verónica y Andrea María.
“Nuestra llegada -explica la hermana María Andrea- se gestó hace varios años. El entonces obispo de Santander, Manuel Sánchez Monge, pidió a nuestra fundadora, la Madre Adela Galindo, religiosas para atender la catedral. En aquel momento no se podía, porque no había hermanas. Pero nuestra Madre le prometió que cuando las tuviera se las enviaría. Y el año pasado llegamos”.
Confiesa que “para nosotras fue una gran alegría cuando nos dijeron que veníamos para acá. Las tres estábamos muy, muy contentas de emprender una nueva misión. Y con mucho amor. Dispuestas a traer el carisma que hemos recibido, y a ponerlo al servicio de la Iglesia de Santander”. Un carisma mariano, ya que “estamos llamadas a ser la imagen y presencia de la Santísima Virgen. Así que cualquier apostolado que la Virgen haría como madre, como mujer, en la Iglesia, nosotras estamos llamadas a hacerlo”.
La llegada a Santander tuvo lugar el 18 de agosto de 2025. Pero se oficializó el día 22, con una Misa solemne en la catedral. “Presidió nuestro obispo, monseñor Arturo Ros, y concelebraron los miembros del Cabildo. Cuando terminó la celebración de la Eucaristía tuvo lugar un acto más institucional, con la firma de nuestra Madre fundadora. Nos dieron una acogida muy, muy cálida. Y nos hicieron sentir súper bienvenidas”.
Inicio de una misión
Ese 22 de agosto de 2025 marcó el inicio de su misión en Santander. “En este año -reconoce- hemos hecho muchísimas cosas. Lo primero ha sido el servicio a la catedral. Apenas llegamos, estuvimos en la fiesta de los Santos Mártires, a finales de agosto. Y, como era Año Jubilar, hemos recibido muchas peregrinaciones de distintos arciprestazgos que venían a la catedral a ganar el jubileo. Hemos tenido ordenaciones, tanto diaconales como presbiterales. Y bodas. También hemos preparado a grupos de novios para que pudieran recibir el sacramento de la Confirmación antes de su matrimonio, y hemos acompañado a adultos en su proceso de catecumenado para recibir los sacramentos de iniciación”.
Además, cada una de las hermanas de la comunidad se encarga de una pastoral concreta. “La hermana Andrea María está en Pastoral Juvenil. La hermana Catalina, en la delegación de Catequesis. Y yo, en la Pastoral de Vocaciones, y ayudando en Protección al Menor. Pero nuestra principal misión está en la catedral”, remarca. “Las hermanas Andrea y Catalina han participado en la Escuela de Formación de jóvenes. Hemos estamos presentes en las vigilias que se han celebrado en la catedral todos los meses. Y hemos acompañado a los jóvenes que peregrinaron a Madrid para participar en los actos organizados con motivo de la Visita Apostólica del Santo Padre”, enumera.
Junto con estas tareas diocesanas, realizan “otras iniciativas propias. Por ejemplo, el próximo 5 de septiembre retomamos ‘Amanecer en la playa’, que es una acción que tenemos los primeros sábados de mes. Otra es ‘Vengan a la fuente’, que es una reunión mensual para el rezo del Rosario de intercesión en torno a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes, sobre todo para interceder por los enfermos. Tenemos también un grupo para niños, ‘Vivet niños’, que se reúne una vez al mes. Además, hemos preparado dos grupos distintos para la consagración mariana: el primero se consagró el 25 de marzo, y el segundo lo hizo el 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima”.
Por eso, no duda en afirmar que “ha sido un año muy intenso, pero muy lindo. Con muchas cosas nuevas para nosotras. Hemos hecho lo que teníamos que hacer. Como dice el Evangelio: estamos agradecidas, porque hemos servido, hemos hecho lo que hemos sido llamadas a hacer. No hay que olvidar que somos Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María. Y estamos al servicio. Ese es nuestro carisma”, insiste.
Además, comenta, “nos vamos integrando cada vez un poquito más en la diócesis. Así que la evaluación de este año es una acción de gracias al Señor, que en su misericordia nos ha llamado a servir, y nos da la oportunidad de servir aquí”. En este sentido, señala que estos días han recibido la visita de la Madre fundadora. Y se fue muy contenta, porque la gente le decía que recibir nuestro carisma ha sido como un aire fresco. Y eso a ella le llenaba el corazón de gratitud”.
Nuevo curso pastoral
Ahora, se preparan para comenzar un nuevo curso pastoral, cargado de actividades. “Estamos preparándonos para la próxima beatificación de los 80 mártires del siglo XX de la diócesis de Santander que tendrá lugar en la catedral en el mes de noviembre. Y, como siempre, dispuestas a servir en todo aquello que se nos pida”.
Fruto de su carisma, y de su entrega a los demás, todos los viernes por la noche se pasean por el centro de la ciudad para ofrecer café y conversación a las personas que están en situación de calle. “Comenzó como nuestra limosna de Cuaresma: un pequeño gesto de salir a dar de lo nuestro. Repartíamos café a los pobres, y hablábamos un ratito con ellos. Nos vieron unos jóvenes, y se nos unieron. Pero se empezó a correr la voz, y cada vez se nos unen más jóvenes. Así que, a veces, nos dividimos, porque somos muchos para ir todos juntos”.
“Fue algo que surgió porque el Señor nos puso a la gente necesitada en el camino”, asegura. “Así que los viernes salimos a dar café o colacao por el centro, por la Porticada, por las estaciones. Hablamos un rato con ellos, nos interesamos por su situación”. Una experiencia en la que “vemos cómo el Señor trabaja en todos los sentidos; ‘salimos a ayudar’ pero ‘somos ayudados’, pues crecemos en el amor, en la generosidad, en los gestos concretos: por ejemplo, los mismos jóvenes les traen alimentos y se va buscando socorrer sus necesidades. Una noche, una persona no tenía almohada, y uno de los chicos fue a su casa y le trajo la suya. Los jóvenes se han ido movilizando al ver la necesidad. Ha sido un regalo de Dios, porque nunca pensamos que fuera a ser un apostolado, sino que nació como un gesto de Cuaresma que sigue en marcha”, concluye.



