Más de un centenar de personas se han concentrado este jueves en la Plaza Porticada de Santander para reivindicar el derecho a una vivienda digna y visibilizar la realidad de quienes viven sin hogar. Esta iniciativa, convocada por Cáritas Diocesana de Santander, con motivo el Día de las Personas Sin Hogar, que se celebra el próximo 25 de octubre, ha puesto el foco en la necesidad de contar con un lugar seguro al que volver y en la importancia de los vínculos y la comunidad para desarrollar una vida digna.
“Cuando uno por fin sabe a dónde puede ir cada día que se termina, sabe que tiene un lugar donde va a encontrar sus cosas y donde va a tener la posibilidad de descansar tranquilo”, explica Laura, una de las personas acompañadas por Cáritas. Su testimonio refleja lo que significa tener un hogar y cómo su ausencia convierte la vida cotidiana en una situación de incertidumbre constante.
Pedro, también acompañado por la entidad, pone palabras a otro de los aspectos más duros de vivir sin un hogar: el miedo. “Es un miedo constante: a ver si me van a atacar, a insultar, a pegar o a violar”, explica. Una inseguridad que va más allá de no disponer de un techo y que condiciona la tranquilidad, la salud y la posibilidad de desarrollar una vida autónoma.
El acto también ha servido para presentar la campaña Nadie Sin Hogar 2026, bajo el lema Un hogar, un lugar al que pertenecer, que invita a mirar más allá de la falta de un techo y reconocer la importancia de los vínculos, la seguridad, la intimidad y el sentimiento de pertenencia. Cáritas reclama así una respuesta social e institucional que sitúe a las personas en el centro y garantice el acceso efectivo a una vivienda adecuada.
51 personas acompañadas en lo que va de año
Desde 1985, Cáritas Diocesana de Santander acompaña a personas en situación de sinhogarismo a través de un programa de atención integral. Entre enero y septiembre de 2026, ha acompañado a 51 personas: 45 hombres y 6 mujeres.
La entidad manifiesta una especial preocupación por las dificultades para llegar a las mujeres que viven estas situaciones. Sus estrategias de supervivencia pueden hacer menos visible su realidad y retrasar el contacto con los recursos de apoyo. Además, afrontan riesgos específicos, entre ellos la violencia sexual, que agravan su vulnerabilidad.
“El sinhogarismo supone la ruptura del vínculo más esencial para cualquier ser humano: el hogar. Es la pérdida de la red que protege y de la certeza de contar con un lugar en el mundo donde desarrollar la propia vida con dignidad y plenitud”, señala Lara Mazorra, trabajadora social del programa de Personas Sin Hogar de Cáritas Diocesana de Santander.
En Santander, cuatro personas voluntarias colaboran con el equipo técnico, al que se suman otras cuatro en Torrelavega, para ofrecer apoyo y acompañamiento.
La vivienda, cada vez más difícil de alcanzar
La pérdida de empleo, los elevados precios del alquiler, la imposibilidad de mantener una vivienda, los desahucios y las dificultades asociadas a los procesos migratorios son algunos de los factores que pueden conducir a una situación de sinhogarismo.
Cáritas advierte de que el encarecimiento de la vivienda dificulta tanto el acceso a un alojamiento como la posibilidad de mantenerlo. La entidad recurre a distintas alternativas, como pisos de estancia temporal, pensiones y habitaciones en viviendas compartidas, pero encuentra cada vez más obstáculos para acceder a ellas.
“Cada año vemos cómo se incrementan los precios del alquiler y, en muchas ocasiones, lo que se encuentran las personas son espacios que no cumplen los requisitos mínimos de habitabilidad. Y cuando recurrimos como última opción a pensiones y hostales, la disponibilidad de plazas es muy limitada, especialmente los fines de semana”, explica Mazorra.
La situación de Pedro refleja hasta qué punto la falta de ingresos puede convertir un alojamiento temporal en una solución frágil. “Si Cáritas me dice que no me puede pagar la habitación, me veo en situación de calle porque no tengo ningún ingreso”, explica. Sin recursos económicos suficientes, mantener un lugar donde dormir puede depender de un apoyo externo, con la incertidumbre que esto supone para el día a día.
La ausencia de un hogar condiciona, además, el acceso al empleo, la atención sanitaria, los trámites administrativos y las relaciones personales. A ello se suman el desgaste emocional, la inseguridad y la dificultad para construir un proyecto de vida estable. Por eso, el acompañamiento de Cáritas va más allá de la búsqueda de alojamiento: incluye apoyo para acceder a servicios sanitarios, orientación en trámites sociales y jurídicos, atención a necesidades básicas y actividades que favorecen el crecimiento personal y la integración social.
Una realidad que va más allá de la calle
El sinhogarismo no afecta únicamente a quienes duermen al raso. La tipología europea ETHOS distingue cuatro grandes situaciones de exclusión residencial: vivir en la calle, carecer de una vivienda propia, residir en una vivienda insegura y hacerlo en condiciones inadecuadas.
En Cantabria, la falta de datos oficiales actualizados dificulta conocer la dimensión completa del problema. La Estrategia de Personas Sin Hogar de Cantabria, publicada hace cinco años, estimaba que entre 250 y 300 personas vivían en situación de sinhogarismo en la comunidad autónoma.
La exclusión residencial afecta a muchas más personas. Según el IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en Cantabria, presentado el pasado febrero, 31.000 personas viven en condiciones precarias de tenencia de la vivienda, como la ocupación ilegal, el realquiler o los desahucios inminentes; 27.000 residen en viviendas con graves deficiencias de construcción o sin suministros y equipamientos básicos, y 17.000 sufren hacinamiento grave.
Estos datos evidencian la necesidad de respuestas amplias que permitan prevenir la pérdida de vivienda, ampliar las alternativas habitacionales y garantizar unas condiciones de vida adecuadas.
Construir un hogar es construir comunidad
Durante el acto celebrado en la Plaza Porticada, las personas participantes construyeron simbólicamente un hogar con cajas de cartón en las que plasmaron necesidades compartidas por las personas acompañadas por Cáritas, como seguridad, intimidad, calor o esperanza.
La jornada concluyó con la lectura de un manifiesto elaborado conjuntamente por personas en situación de sinhogarismo y quienes las acompañan, con un llamamiento a la implicación de toda la sociedad para combatir la exclusión residencial. “Detrás de estas situaciones no hay cifras ni etiquetas. Hay personas. Personas con historias de dolor y lucha, de pérdida y resistencia, de caídas y esperanza”, recuerda Mazorra.
Con la campaña Nadie Sin Hogar 2026, Cáritas invita a la ciudadanía y a las administraciones públicas a comprometerse con una sociedad en la que todas las personas puedan contar con un hogar, vínculos que las sostengan y un lugar al que pertenecer.
Quien quiera colaborar con esta campaña puede donar en este enlace.

