El pasado 30 de septiembre daba comienzo la visita pastoral que el obispo de la Diócesis, monseñor Arturo Ros, está realizando a los distintos arciprestazgos. Un recorrido en el que se encuentra con los sacerdotes para conocer cuáles son sus necesidades e inquietudes, se reúne con los Consejos Pastorales Arciprestales (CPA) para escuchar a sus miembros, y celebra la fe con todos los fieles de las comunidades de cada territorio.
Gloria Martín, coordinadora de la Vicaría episcopal para la Evangelización, impulsora de los CPA, explica que, “a nivel diocesano, existe un Consejo Pastoral, que se encarga de compartir, aconsejar y presentar inquietudes y necesidades al señor Obispo. Además, lo ideal sería que en todas las parroquias de la diócesis hubiera un Consejo Parroquial, en el que estén organizados y representados todos los organismos, grupos y realidades pastorales que hay en cada parroquia. El Consejo Pastoral Arciprestal es un organismo intermedio; en este caso, un consejo en el que están representadas las diferentes parroquias de un arciprestazgo. En nuestra diócesis hay trece”, confirma.
“Los CPA se pusieron en marcha el año pasado”, prosigue. “Desde la Vicaría para la Evangelización acompañamos los primeros pasos de su constitución: tiempos y momentos de encuentro con sus miembros, formación y acompañamiento. Y, este año, coincidiendo con el inicio del curso, nuestro obispo ha querido reunirse con ellos, para animar y acompañar, desde su figura como padre y pastor de la diócesis, y para darles un impulso importante. La gente lo que quiere es caminar juntos, siguiendo el estilo de la sinodalidad, de comunión, de unidad; eso, si no es con un encuentro en el que estemos todos, o el máximo número posible de personas representadas, no se podría dar”.
Por este motivo, monseñor Ros está recorriendo los arciprestazgos. “Los encuentros -apunta- son un espacio para la participación y la celebración. El obispo primero se reúne con los sacerdotes, con oración, convivencia y comida fraterna. Por la tarde, con los miembros de los consejos arciprestales y, después, con todo el pueblo de Dios de cada zona, en una Eucaristía”. Para Gloria, “eso ayuda a que la gente se sienta a gusto y contenta. Nuestro obispo está siendo muy cercano, y los fieles lo valoramos muy positivamente. Yo también formo parte de un consejo, y todos mis compañeros han valorado su cercanía e interés, esa motivación y ese querer escuchar al pueblo que muestra en cada reunión”.
Reconoce que, “en las reuniones, suelen salir necesidades, inquietudes, modos de participación. Nuestro obispo nos insiste en que muchas veces nos quedamos en teorías, en querer hacer muchas cosas; insiste en que hay que empezar ya; y que esto tiene que ser un estilo de vida, de comunidad, pero siendo conscientes y realistas de las posibles dificultades que nos vamos a encontrar. Por ejemplo, la media de edad de los sacerdotes es alta; o, en algunos sitios, tienen muchas parroquias que atender, y necesitan ayuda… Tenemos que aceptar la realidad. Y no estar continuamente quejándonos de todo lo pasado. Hay que vivir el aquí y el ahora. Y preguntarnos; ¿cómo podemos poner, cada uno de nosotros, nuestro granito de arena para contribuir a crear esta comunidad diocesana al estilo de una familia, como las primeras comunidades cristianas? También nos recuerda que todos tenemos algo que decir, algo que aportar, ya que Dios nos ha dado unos dones y, como bautizados, podemos y debemos ponerlos al servicio de la comunidad y del otro”.
En este sentido, otro aspecto a destacar en el encuentro con los CPA está siendo la participación conjunta de laicos, sacerdotes y vida religiosa de las zonas.
Recuerda que, en los CPA, como método de trabajo, “estamos siguiendo la metodología de la ‘Conversación en el Espíritu’: que a todos se nos escuche, porque todos tengamos algo que decir. Y nuestro obispo está escuchando esas inquietudes, esas dificultades que podemos encontrar, y la manera de podernos ayudar unos a otros”, concluye.

