Este domingo, 20 de septiembre, a las 12:30 horas, la iglesia del Santuario de Nuestra Señora de Las Caldas de Besaya acogerá una Misa solemne. Presidida por el obispo de la Diócesis, monseñor Arturo Ros, en ella concelebrarán el prior provincial de la Provincia Hispania de los Dominicos, padre Francisco Javier Carballo, OP, y los dos religiosos que permanecen en el convento, los padres Francisco García Ortega, OP, superior de la comunidad, y Fernando Serrano Pérez, OP.
La celebración será aplicada en acción de gracias por el servicio prestado por los dominicos, a la Diócesis, desde el Santuario. Y servirá como despedida a los dos padres que aún permanecen en él.
Durante la Eucaristía, el padre Carballo, OP, entregará el Santuario al obispo de la diócesis.
Los orígenes del Santuario se remontan al siglo XVII. Existía una pequeña ermita medieval, perteneciente a Barros, donde se veneraba una imagen gótica de la Virgen. Al estar cerca de una fuente, cuyo caudal era de agua caliente, se la empezó a conocer con la advocación de Las Caldas.
En 1605, el pueblo de Barros entregó la ermita a los dominicos del Convento Regina Coeli de Santillana del Mar. En 1611 la nueva fundación obtiene autonomía y empieza su vida independiente, con suma pobreza, en la pequeña hospedería aneja a la ermita. En 1660, con la llegada como prior del padre Juan Malfaz, catedrático del Colegio de San Gregorio de Valladolid, comienza una nueva época de esplendor. Así, en 1663 se inicia a construcción de un nuevo convento y santuario que, aún sin terminar, fue ocupado por los religiosos en 1683.
El Santuario se convirtió en uno de los focos más importantes de renovación espiritual de Cantabria durante los siglos XVII y XVIII. Fue constante la afluencia de peregrinos, e innumerables los favores atribuidos a la intercesión de María. En el XIX, la invasión napoleónica y la exclaustración y desamortización de Mendizábal, significaron para el Santuario la profanación y el expolio. En 1877 se reorganiza la comunidad, reanudando con vigor la vida religiosa y el culto a la Virgen con nuevo esplendor.
En 1922 se instala un Colegio Apostólico para vocaciones dominicanas, que mantuvo su actividad hasta la guerra civil, en la que murió toda la comunidad. Poco después, se reanuda la vida religiosa con la llegada de nuevos padres dominicos. Y, tras las obras de restauración, se implantó el Seminario Mayor de la Orden en España. En 1970, los estudios de Filosofía se trasladan a Valladolid.
En el año 2005 se cumplieron cuatro siglos de la presencia de los padres dominicos al servicio de Nuestra Señora.

