Alejandro Canales, misionero comboniano de Ampuero: “En Chad he vivido casi toda mi vida misionera”

Alejandro Canales es un misionero comboniano que ha estado disfrutando de unos días de descanso en su pueblo natal de Ampuero, rodeado de familiares y amigos. “Y sustituyendo al párroco, que se fue con unos jóvenes a vivir una experiencia misionera en Perú”, puntualiza. Este jueves, 20 de agosto, ha regresado a África. «Tengo 78 años, y llevo casi 50 en ese continente. En concreto, en Chad he vivido casi toda mi vida misionera. El año que viene, los Misioneros Combonianos vamos a celebrar nuestro medio siglo de presencia en este país, y lo estamos preparando. También la Iglesia de Chad se prepara para conmemorar los 100 años de la llegada del Cristianismo al país, en 2029”. (En la imagen superior, Alejandro con matrimonios de la pastoral familiar de Sarh, ciudad donde actualmente desempeña su tarea misionera).

La presencia Comboniana, añade, “nos ha llevado por todo el Chad, por todos los sitios. Recordarla es una acción de gracias al Señor por lo que nos ha permitido vivir. Ha sido algo muy bonito, tanto a nivel personal como de todo el grupo de Combonianos”, asegura. “Hemos tenido compañeros obispos en diócesis que se estaban creando”, recuerda. “Hemos participado en la formación de catequistas, en la del clero, y en llevar el Evangelio a una sociedad que está abierta, pero que tiene sus pequeñas resistencias culturales y religiosas, porque el islam está presente y las religiones tradicionales africanas”. (En la imagen, administrando el sacramento de la Penitencia en la misión de Dono Manga).

Alejandro Canales administrando el sacramento de la confesión

Hijo de padres emigrantes en el País Vasco, “mi vocación surge en Musquis, en la escuela profesional. Ahí nace mi deseo de servir al Señor. De ahí pasé a Derio. Yo tenía 15 o 16 años, y ahí encontré misioneros que venían de diferentes sitios, de África, de América… Y me dije: aquí está lo que estoy buscando. Lo hablé con los formadores durante 2 años, hasta que dijeron: aquí hay una vocación misionera clara y seria. Síguela”. Y es que, “el Señor se hace ver, y tiene su manera de llamar. Yo quise desde muy joven que esto fuese auténtico, y para siempre. Y ahí estoy, intentando serle fiel, útil”.

En su periplo formativo, continúa, “tuve la posibilidad de ir a París. Y ahí me abrí a otro mundo africano, con compañeros excepcionales que venían de África”. Aunque, antes de pisar tierra de misión, “mis superiores me pidieron que, durante unos años, diese la formación a los que empezaban. Era la necesidad del momento”, señala. Algo que le permitió conocer a “gente maravillosa, con los que estoy muy agradecido de haber hecho camino comunitario de congregación, para el servicio del Señor y de la Iglesia”.

Alejandro Canales bendiciendo a dos mellizos, en Chad

Experiencia de misión

A sus 30 años, pisó por primera vez tierras africanas. “Yo les dije a mis superiores que para ser formador necesitaba tener experiencia de misión. Y me enviaron a Centroáfrica para empezar, y continuar en el Chad. Así que comencé a leer y a buscar lo que eso significaba, y descubrí que los Combonianos empezábamos en ese momento nuestra presencia en el Chad. Éramos tres comunidades”, evoca de sus inicios misioneros. “Y nos reuníamos todos los meses, para compartir, y estar juntos”. El único nexo de unión que tenían era el idioma: el francés. “Estábamos en unas misiones muy grandes -explica-, que habíamos recibido de los Capuchinos y de los Jesuitas. Hoy son 8 parroquias. Y las atendíamos entre cuatro compañeros, tres de ellos italianos, y yo. Fue una gracia poder llevar la misión con ellos adelante”, afirma.

En la misión de Dono Manga (en la imagen superior, bendiciendo a dos mellizos, y en la inferior, con miembros del equipo interdiocesano de Pastoral Familiar) ha estado durante doce años. “Eran territorios grandes -prosigue-, con muchos pueblos. Nos encargábamos de la formación de catequistas, y del seguimiento de los jóvenes; había que dar clases en el Instituto para conocerlos y ver cómo se estaban preparando para ir a la universidad o para emprender una preparación profesional. Todo eso, aprendiendo los idiomas locales para poder contactar con la gente, sobre todo con los que no podían ir a la escuela. Y, en las agrupaciones de pueblos, crear iniciativas, cooperativas. También dábamos asistencia al hospital. De hecho, varios hospitales han nacido a partir de ahí”.

Le bastó dos años para comprender que eso era lo que estaba buscando. “De lo que estoy más orgulloso -confirma- es de haber crecido con jóvenes que estaban buscando una orientación a sus vidas, y hoy te los encuentras trabajando en una empresa, en distintos servicios del país. Gente que te dice: ‘gracias, porque aquellos años fueron para mí fundamentales’. Yo siempre les pregunto: ‘¿qué haces con tu bautismo? No lo dejes aparcado. El bautismo es para ti una nueva forma de vida”.

Alejandro Canales con equipos de Pastoral Familiar

“Esto, y haber estado cerca de las familias, de los catequistas, que son todos padres de familia, es lo que más me emociona”, remarca. “Porque ahí ha habido un trabajo en familia para promover la vida cristiana. Eran tantos pueblos que solo se podía ir cada dos meses para celebrar la Eucaristía, pero un domingo había varias celebraciones en diferentes sitios. Así que ibas unos cuantos días, te quedabas con las familias, y veías todo lo que había: de dónde sacan el agua, en qué condiciones está, por qué no hay actividades comunitarias…”. En este sentido, subraya la importancia de la educación de los niños. “Les decíamos que las familias tenían que tener la posibilidad de que los niños pudieran ir al instituto, para salir adelante. Con todo eso, hacíamos una tarea de sensibilización, de abrir horizontes. Esto es también el camino de la fe también: abrir esperanza”, asevera. «Sin educación no hay futuro. La educación promovida por la Iglesia tiene los mejores resultados. Y, esto, a todos los niveles: primario, secundario y universitario. Estamos en ello».

Pastoral vocacional

Confiesa que, en la actualidad, el Chad ha avanzado mucho. “Cuando yo llegué, eran cuatro diócesis. Hoy son ocho. Y los sacerdotes locales han pasado de ser cuatro en las diferentes diócesis a los casi 200 de ahora. Cada diócesis ya cuenta con un personal local que sigue a la juventud y hacen un primer discernimiento antes de ir a un seminario mayor. Tienen que ser hombres con madurez humana, con una vida espiritual probada, con una opción de vida al servicio de los demás. Y eso hay que trabajarlo desde las edades jóvenes. En estos momentos, en el Seminario, hay unos 120 jóvenes en Filosofía, entre seminaristas y religiosos, y 50 en Teología”.

“Se tiene que dar una formación para el mundo nuevo que está apareciendo en África -insiste-, con realidades nuevas, donde las sectas están presentes, donde el camino de la familia está dando pasos que no son fáciles. Hay que acompañar a la juventud, y que los jóvenes puedan ir a la universidad. Pero, que cuando vuelvan, sean receptivos, y no se desentiendan de las realidades y de los problemas sociales que están viviendo”. (En la imagen, responsables de sector, catequistas y padres de familia de la misión de Dona Manga).

Responsables de sector y catequistas en Dona Manga, Chad

A su regreso a la nación africana, le espera una ingente tarea. “Tenemos que ir recogiendo el principio del año pastoral, que es en septiembre, colaborando también con los centros educativos, con el Seminario… y llevando la pastoral adelante”. Porque los frutos van siendo evidentes. “En el Catecumenado tenemos a más de 1.000 jóvenes y adultos, en diferentes etapas de formación, porque es un proceso muy exigente. Preparamos el bautismo para Pascua. Y, mientras, hay que ir caso por caso: ver su situación familiar, si están casados, cómo van a vivir la vida cristiana… Y, esto, implicando a las comunidades eclesiales de base de la parroquia: tenemos 24, que se reúnen todas las semanas con sus animadores, a los que hay que formar”.

También se encarga “de la formación de los jóvenes con los que vivo (en la imagen inferior, con los seminaristas del noviciado que los Misioneros Combonianos tienen en Sarh). Hay que discernir, ver de dónde vienen, cómo van creciendo… Todo ello con encuentros individuales, personales, una o dos veces al mes, dependiendo de los casos”. Otra de sus responsabilidades son las actividades escolares. “Queremos introducir la Secundaria por completo. Y hay que estar presente en esas clases, de donde están saliendo los jóvenes con los que se puede hacer algo el día de mañana. Si Dios quiere, de entre ellos habrá vocaciones”, manifiesta, esperanzado.

«Es gozoso ver cómo la Iglesia va creciendo, y cómo el Señor va llamando: las vocaciones sacerdotales, a la vida consagrada y las vocaciones laicales se van dando en el pueblo de Dios. La vocación misionera es una pastoral de cercanía y de discernimiento. El Buen Pastor es el modelo. Bonita misión«, concluye emocionado.

Alejandro Canales con seminaristas Combonianos

Compartir en redes:

Noticias relacionadas

Santos Mártires de Cacicedo

Misa solemne en Cacicedo en honor a los Santos Mártires, Emeterio y Celedonio

Alejandro Canales, misionero comboniano de Ampuero: “En Chad he vivido casi toda mi vida misionera”

Iglesia de Taranco de Mena

La iglesia de Taranco de Mena acoge este sábado una Misa en honor a los Santos Mártires

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.