El Santuario del Cristo de Limpias acoge estos días a cientos de fieles y devotos que acuden, un año más, a honrar al Santísimo Cristo de la Agonía con motivo de su festividad litúrgica.
Para el párroco del templo, y superior de la comunidad de Padres Paúles de la localidad, padre Víctor Santos, CM (en la imagen superior, en el santuario, con una familia católica del Líbano), esta fiesta coincidirá con su despedida. “Este año -confirma- hay cambio de destino. Después de 11 años al frente de la parroquia, como párroco y rector del santuario, toca partir para Burgos. En la ciudad tenemos una comunidad de formación de seminaristas. Además, colaboraré en la pastoral en cinco pueblos cercanos. Esos son los planes para los próximos años, si Dios quiere”.
Confiesa que esa década vivida en Limpias han sido “unos años muy intensos. He tenido una relación muy cercana con todos, sin hacer distinciones de ningún tipo”. Por eso, reconoce que “cuesta un poquito dejar un pueblo que es muy querido para mí, y, en general, para nosotros, la comunidad de Padres Paúles”. Y es que, además de atender el Santuario, los religiosos tienen un colegio. “La relación con el alumnado, con el profesorado, también ha sido muy intensa. Durante un tiempo, por ejemplo, he dado clases a los jóvenes que estudiaban para obtener el título de Magisterio”.
Aunque, sin dudarlo, se queda con “el privilegio de estar cada día en un Santuario tan especial, dedicado al Santísimo Cristo, que tiene una devoción tan grande en el pueblo, y por el que pasan muchísimos peregrinos de todas las partes del mundo”. “Han sido 11 años intensos -insiste-, y lo están siendo hasta el final. Esa es la disposición que he tenido, y considero que ha sido una gracia muy especial de Santísimo Cristo para mí. Limpias siempre estará en mi corazón, en mis oraciones, en mis recuerdos”.
Devoción al Cristo de Limpias
En el marco de las fiestas en honor al Cristo, asegura que “el pueblo de Limpias se considera muy honrado con esta Sagrada Imagen. De alguna manera, el Cristo es como el custodio permanente, y el que mantiene la comunidad cristiana de Limpias: ese ritmo, ese pulso devocional, respetuoso, cariñoso, familiar. Es una devoción entrañable, familiar, hacia el Santo Cristo”, remarca.
Además, prosigue, “todos los peregrinos que vienen lo hacen con un planteamiento de gratitud, de ofrenda, de peticiones. La suya es una devoción distinta, pero muy intensa también: de rezar, de silencio, de orar ante el Santísimo Cristo. Es una oración intensa porque es de paso, por lo que tiene que ser breve. Pero todos estos grupos de peregrinos, que vienen de España y de todas partes del mundo católico, consideran que es una ocasión única, especial, el poder situarse de rodillas ante la imagen del Santo Cristo, aquí”. Son, apunta, “peregrinos tanto del Camino de Santiago como los que vienen haciendo el recorrido de los grandes santuarios: Lourdes, el Santo Cristo de Limpias, la Bien Aparecida, Santo Toribio, Santiago de Compostela, Fátima…”.
Y es que, “durante muchos años, la devoción al Cristo de Limpias se extendió por toda España. Incluso fuera de nuestro país. Y se nota que viene gente de otros países que conoce la fama milagrosa del Cristo de Limpias. Han oído hablar de los ‘prodigios de la Imagen’, esas manifestaciones de viveza, de su agonía, de mirar a las personas, a los feligreses, y de mostrar esa misericordia, esa intervención y ese perdón desde la cruz”.
Fama que, añade, “se extendió rápidamente en unos tiempos en los que no había los medios de comunicación actuales. Estos prodigios del Santo Cristo se sucedieron, de manera sucesiva e intermitente, desde el 30 de mayo de 1919 hasta 1935, fecha que corresponde a los últimos testimonios escritos, jurados, firmados por grupos de peregrinos que los contemplaron”.
En la difusión de la devoción, continúa, “fue muy importante el papel del obispo de Villar del Río, en Cuba. A su regreso de Roma, a donde había ido con motivo de la visita al Limina, paró en el santuario y, después de celebrar la Santa Misa, fue testigo al contemplar cómo el Santísimo Cristo le miraba desde la Cruz. Nada más llegar a su diócesis escribió una carta pastoral muy importante, porque mueve a la devoción en todo el Caribe, Centroamérica, México… Y, después, de alguna manera, dispone también las voluntades en la misma diócesis de Santander para reconocer el carácter sobrenatural de las manifestaciones del San Cristo, y establecer su fiesta el 14 de septiembre, con el oficio propio de la solemnidad de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz”.
“Lo que la gente denominaba ‘manifestaciones’ –aclara-, era básicamente la expresión de su rostro, y la mirada. Eso es lo que impactaba. Por eso, las primeras representaciones que hace la Casa de Artes Sacras fueron los bustos, el rostro del Santísimo Cristo”.
Esta devoción al Santo Cristo ha perdurado a lo largo del tiempo. Y hoy se traduce en “peticiones referidas a la familia, a la salud, por ejemplo, con motivo de operaciones delicadas, al ámbito laboral… Y ofrendas, que se hacen con una carta escrita, o verbalmente, cuando la gente te encarga misas con intenciones determinadas. En verano es muy común la acción de gracias de personas que han podido volver a Limpias, y agradecen al Señor un año de unidad, de paz y de fortaleza en la fe frente a la adversidad o las pruebas que hayan tenido”.
En su despedida, la petición del padre Víctor también será especial. “Este año, le pediré al Cristo que esté siempre conmigo, como siempre lo ha estado. Que siga llevando a buen puerto la buena obra que un día comenzó. Y que su rostro no se aparte nunca de mí, que su mirada no me pierda de vista”, concluye.

