Este sábado, 7 de noviembre, la S.I.B. Catedral de la Asunción de Santander acogerá la solemne ceremonia de beatificación de 80 mártires del siglo XX de la diócesis de Santander. Se trata de la Causa de Francisco González de Córdova y 79 compañeros mártires. Entre ellos, tres religiosos carmelitas: el padre Atanasio del Sagrado Corazón, el hermano Ruperto de la Cruz y el hermano Maximino de la Virgen del Carmen.
“Para la Orden -confiesa el padre Dámaso Zuazua, OCD, del convento de los carmelitas de Santander- esta beatificación supone una gracia. Un repensamiento. Una bendición”. Aunque “no son los primeros mártires del Carmelo Descalzo”, ya que entre ellos figuran “los beatos Dionisio y Redentor, martirizados en el mar, cerca de Indonesia; o las 16 santas Carmelitas de Compiègne, también mártires. Mártir también Edith Stein, santa Teresa Benedicta de la cruz. Y varios mártires de la guerra civil, ya beatificados. O el padre Eufrasio del Niño Jesús, mártir de la revolución de Asturias de 1934”.
“Y ahora -prosigue- vienen estos tres mártires cántabros. Dos de ellos, del convento de Santander: el padre Atanasio, que era el subprior, y el hermano Ruperto, portero y sacristán. Y Maximino, el novicio carmelita, que es el más joven de los 80 mártires”.
Por eso, “esta beatificación es una gracia más. Y un estímulo para la Orden saber que hermanos nuestros dieron la vida, no por fatalismo, no porque no tuvieran más remedio; al contrario: todos hubieran podido zafarse, pero asumieron de antemano el martirio. Así que, el de nuestros mártires carmelitas fue un martirio asumido, consentido. Insisto, lo hermoso, para mí, y lo entusiasmante, es que aceptaron y ofrecieron su vida”.
Una afirmación que viene avalada por las palabras, y por los hechos. Y es que, “poco antes de su detención, el hermano Ruperto preguntó al padre Atanasio qué debía hacer en caso de que le detuvieran, a lo que el padre Atanasio le contestó: ‘entregarse a Dios, y estar preparado para todo con una santa conformidad en la voluntad de Dios‘. Ademas, le aconsejó que, si llegaba la ocasión, no ocultase que era religioso: ‘No niegues lo que eres’”.
Consejo que el mismo padre Atanasio llevó a la práctica. “Se había ocultado en casa de unos particulares, por no abandonar a sus hermanos Carmelitas. Y el 27 de diciembre vienen a apresarlo. La familia donde está refugiado procura defenderlo, pero él se presentó espontáneamente, confesando que era religioso Carmelita. Así que, repito, martirio asumido. Martirio ofrecido”.
“El padre Atanasio -comenta- era un hombre muy preparado, muy culto. Había asumido muchos cargos de importancia relevante dentro de la congregación. Por supuesto, era un hombre de gobierno. Había estado antes en Santander. Y, en el capítulo de abril de 1936, fue nombrado viceprior del convento de Santander. El padre Provincial le había encomendado que fuera a Colombia y a Perú, a visitar aquellas comunidades, que pertenecían a esta provincia. Iba a viajar después de la Virgen del Carmen, pero, con el estallido de la guerra, no pudo salir”.
“Nuestro convento -explica- estaba situado justamente enfrente de la checa de Neila. Y veían todo lo que estaba pasando, y el trajín que se traían”. En este marco, “en el mes de agosto, los milicianos expulsan a los frailes del convento. Y les quitan todo el dinero que tienen. La comunidad era muy numerosa. Pero los frailes tienen que dispersarse”.
Reconoce que “algunos de los frailes de la comunidad pudieron salvarse, con un salvoconducto del Gobierno Vasco, siendo llevados a Vizcaya. El mismo padre Atanasio, que era guipuzcoano, tuvo este ofrecimiento, pero lo rechazó”. De hecho, tanto él como el hermano Ruperto se quedan en Santander, acogidos por familias particulares.
“El padre Atanasio -aclara- fue detenido en dos ocasiones. La primera, en noviembre del 36, coincidiendo en la checa de Neila con el hermano Ruperto. Y, la segunda, en diciembre de 1936, después del bombardeo del día 27. Pudo librarse, porque la familia donde se hospedaba intercedió diciendo que era un familiar; pero él dijo la verdad. Lo que le había dicho al hermano Ruperto, se lo aplicó a sí mismo: ‘No niegues lo que eres’. Confesó que era religioso Carmelita Descalzo”. Fue detenido.
“Llevado a la checa de Neila, se sabe que se mostró muy animado, procurando animar a los demás, con gran serenidad y fortaleza. El día 30 lo sacaron y, junto con un jesuita, el padre Arco, y otros, fue embarcado en la ‘gasolinera’ que había en Puerto Chico, sacado a la entrada de la bahía, y lanzado al mar, con los pies y las manos atadas con soga, de la que pendía un peso de cemento o de hierro, para que se hundiera. Su cuerpo no ha sido recuperado. Nunca”, asevera.
El hermano Ruperto, continúa, “era navarro. Llegó al convento de Santander en 1930, donde tuvo un doble oficio: portero de la comunidad, y sacristán. Era un hombre muy servicial: abría la puerta, abría la iglesia, cuidaba el templo, estaba siempre pendiente de los ornamentos, de preparar las misas… “.
“Cuando se disolvió la comunidad -apunta- se refugió en una casa particular, luego en el Asilo San Cándido, y, finalmente, con otra familia. En esta última casa le encontraron los milicianos el 17 de noviembre por la tarde. El propietario le quiso defender, diciendo que era un amigo de la familia, pero él confesó: ‘Soy un religioso Carmelita’. Así que lo detuvieron”.
Llevado a la checa de Neila, en ella coincidió con el padre Atanasio. “Como ya he comentado, Ruperto le había preguntado en cierta ocasión cómo debía comportarse si le llegaba la condena a muerte por ser religioso, y su antiguo maestro de novicios le había respondido: ‘No niegues lo que eres’. El 18 de noviembre por la noche, el hermano Ruperto fue sacado de la checa, y nunca más se supo de él. Se cree que fue trasladado a Puerto Chico y montado en una ‘gasolinera’ para ser llevado a la entrada de la bahía, siendo arrojado al mar atado de pies y manos con una cuerda, con una pesada piedra o hierro atado a la soga, para que no saliera a flote”. Sus restos nunca fueron hallados.
De los 80 mártires que integran la Causa, el más joven es el hermano Maximino de la Virgen del Carmen, OCD. “Tenía 20 años. Y era novicio. En aquella época, los novicios, hermanos laicos, hacían 2 años de noviciado. Era natural de Burgos, en cuyo convento de la Orden del Carmelo Descalzo ingresó en mayo de 1935. En diciembre de 1935 llegó a la comunidad de Oviedo, donde se encontraba muy fresca la memoria de un mártir carmelita de la revolución de octubre de 1934, Eufrasio del Niño Jesús. Maximino escribió a su familia enardecido con el recuerdo de este mártir que vivió y dio su vida en Oviedo”.
“En la primavera de 1936 -añade-, sus superiores lo destinaron a la residencia carmelita de Reinosa. Cuando la comunidad es expulsada del convento, los religiosos se dispersan y a él, por la edad, le buscaron una pensión, con la idea de que pasara desapercibido, camuflado como estudiante. Pero, por miedo a las represalias, las mujeres que regentaban la pensión le pidieron que abandonara la casa. Merodeando por las calles de la población, suscitó las sospechas de los milicianos, que lo detuvieron. Primero estuvo en la cárcel de Reinosa, que estaba en el Colegio de San José, de los hermanos Menesianos; después fue enviado a Santander, al barco Alfonso Pérez”.
En este sentido, señala que “hay un detalle muy bonito, digno de san Maximiliano Kolbe. Fue trasladado a Santander en compañía de un requeté, padre de familia. Y el fatídico 27 de diciembre, estando en el barco, indicó a su compañero de calabozo que le dejara pasar en primer término. Una bomba de mano alcanzó al novicio, que falleció salvando la vida de su compañero de cautiverio. Hermoso testimonio final”, afirma.
Este sábado, la familia Carmelita se volcará con la beatificación. “Vendrán los dos provinciales de España, el postulador general, y un el secretario personal del padre general que está ocupado en Dijon, porque ese mismo 7 de noviembre es el 125 aniversario de la muerte de la mística Carmelita Santa Isabel de la Trinidad. Además, habrá una treintena de frailes, y grupos de fieles de distintas partes. Por ejemplo, vienen cinco familiares, sobrinos nietos del hermano Ruperto, que viven en Pamplona”.
Respecto a la beatificación, asegura que “será un revival para el espíritu de la Orden. Un movimiento interior de fidelidad, de disposición a dar nuestra vida por Cristo y por su causa”.
Una vez finalizada la ceremonia, los restos del hermano Maximino se podrán venerar en la Capilla de los Mártires ubicada en la catedral. Y, una reliquia, en la iglesia del Carmen y Santa Teresa. “Esperamos y deseamos ardientemente que la parroquia reciba una reliquia del hermano Maximino. Se pondrá en un sitio especial. De momento en un ostensorio, sobre un altar. Que esté visible. Para que quede un recuerdo perenne de la beatificación. Un día importante, histórico, para la vida cristiana de la diócesis de Santander”, concluye.





