Este viernes, 11 de septiembre, ha dado comienzo la visita del Custodio de Tierra Santa, padre Francesco Ielpo, O.F.M., a la diócesis de Santander. Hasta el próximo lunes, ofrecerá su testimonio y celebrará la Eucaristía en las parroquias de Colindres, San Vicente de la Barquera, y en la Catedral de Santander. Y, el día 14, coincidiendo con la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, se desplazará al Monasterio de Santo Toribio de Liébana para el acto institucional de hermanamiento con la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén.
En La Mañana de Cope Cantabria, el obispo de la diócesis, monseñor Arturo Ros, ha reconocido que “la presencia del Custodio, los momentos que vamos a compartir con él, la celebración de la Exaltación de la Cruz… son, para nosotros, días gozosos, felices e intensos”. Ha confesado que “es un privilegio que esté con nosotros. No es habitual que el Custodio se mueva por el mundo, porque su trabajo, su tarea y su responsabilidad están en Jerusalén”. Además, “nos trae el recuerdo de la presencia de los lugares donde vivió, predicó y murió nuestro Señor Jesucristo. Es emocionante tenerlo presente, recordarlo y vivirlo con su presencia”.
Respecto al testimonio que va a ofrecer en distintas parroquias diocesanas, ha mostrado su esperanza de que sirva para “acercarnos a la realidad de aquellos lugares santos” y “de los cristianos que viven allí. Es verdad que el Custodio viene, fundamentalmente, a firmar ese hermanamiento, Pero el testimonio de cómo están viviendo allí puede ayudar a lanzar un grito de ayuda”. Y, es que, “los cristianos que viven en los Santos Lugares son perseguidos, y tienen necesidades vitales. Y el deber de la Custodia no solamente es tener presente y cuidar los Lugares Santos. También tienen escuelas y hospitales, para que los cristianos de Tierra Santa puedan vivir y tener cubiertas las atenciones primarias. Y, ahora mismo, viven momentos de mucha dificultad, de persecución. Por lo tanto, nosotros tenemos que ayudarles”.
Por eso, ha insistido en la necesidad de “escucharle, para que nos diga cómo están viviendo estos momentos, en qué circunstancias se encuentran, y, al mismo tiempo, que nos diga cómo podemos ayudar”.
Hermanamiento
Para el prelado cántabro, detrás del hermanamiento que va a tener lugar este lunes está la Cruz. “Jerusalén es el lugar de la crucifixión y de la resurrección, es decir, el lugar de la muerte y de la vida. Y, simbólicamente, Santo Toribio es algo parecido: es donde está la reliquia más grande de la Cruz de Cristo. En Santo Toribio está la Puerta del Perdón, que supone morir al pecado y resucitar a la vida nueva. Es ver la presencia de Cristo, que nos salva y nos redime. Este hermanamiento supone hacer memoria permanentemente de todas estas cosas, que forman parte esencial de nuestra vida”.
Además, con este hermanamiento se pretende impulsar la dimensión espiritual del Camino Lebaniego. “Ese es el objetivo principal. Si no hay vida espiritual, si no hay experiencia espiritual, no hay vida cristiana, y no hay otros compromisos y otros menesteres. Eso es lo esencial: lo que queremos, lo que buscamos y lo que pretendemos. Todo el centro de nuestra vida es Jesucristo” y “Santo Toribio supone, a través del Lignum Crucis, encontrarnos con Cristo. Y eso es realmente lo que toca el corazón y cambia la vida”.
Monseñor Ros ha asegurado que el hermanamiento es importante, porque “descubrir la verdad y la belleza de la vida supone vivir esta experiencia de la presencia de Cristo en nuestra vida. Cristo es el que da sentido a todo. Y más allá del hermanamiento, está el encuentro con Cristo. Y encontrarse con Cristo da sentido a la vida. Cambia la vida. Y nos hace bien. Nos hace mejores. Nos hace más grandes. Y nos prepara para el futuro”.
Por último, ha manifestado su deseo de que el padre Custodio se lleve de Cantabria, sobre todo, “nuestro compromiso de estar presentes en sus tareas y en sus necesidades”.



