José Olano, en su despedida de Santa Lucía: “Presumo de ser un cura del Concilio”

José Olano

Este domingo, 20 de septiembre, a las 12:00 horas, la iglesia parroquial de Santa Lucía acogerá una solemne celebración de la Eucaristía como despedida de José Olano, quien fuera su párroco durante los últimos 31 años.

“Tomé posesión de la parroquia el 29 de octubre de 1995”, evoca. Acababa de despedirme de Monte, y casi no me dio tiempo a reaccionar. Recuerdo que fue una cogida muy agradable. Me sentí bien desde el primer momento. Ese fue el punto el punto de partida de todos los años de trabajo pastoral que he desarrollado en esta parroquia”.

José Olano confiesa que la suya fue una vocación infantil. “Surgió en un buen ambiente familiar y cristiano. Desde pequeño empecé a palpar y a vivir la fe. Había un referente en la familia: un tío hermano de mi padre, que era sacerdote, y siempre fue un punto de mira. Así que llega un momento en el que dices: ‘Parece que el Señor te llama’. Yo tenía 11 años”. Una edad en la que “uno puede darse cuenta de las cosas. De todos modos, es un principio. Después puedes ir madurando, y creciendo, hasta que llega el momento de tomar la decisión”.

José Olano de joven

Su entrada en el Seminario coincidió con “la primera vez que salía del pueblo. Soy de Cerdigo, cerca de Castro, y entonces no había esa movilidad que hay ahora. Recuerdo que la fecha de entrada fue el 27 de septiembre del año 1952, y que al día siguiente empezamos ejercicios espirituales, en silencio. Yo tenía 11 años”, insiste, “y esas son cosas que se te quedan marcadas”. Formación sacerdotal que está vinculada al Seminario de Corbán. “Los primeros cinco años eran una especie de Bachillerato. Y luego había tres años de Filosofía y cuatro de Teología. Recuerdo que teníamos una disciplina muy dura. De hecho, mi curso fue el primero que pudo irse a casa de vacaciones por Navidad, porque antes no había vacaciones”.

Ordenación sacerdotal y primeros destinos

De los 57 compañeros que comenzaron con él los estudios en el Seminario, “recibimos la ordenación sacerdotal unos 12. Fue un 14 de marzo de 1964, en la capilla del Seminario, de manos del entonces obispo, Eugenio Beitia. Y celebré la primera Misa el 19 de marzo, fiesta de san José, en la iglesia de mi pueblo”.

Su primer destino fue Polaciones. “En aquella época había dos párrocos, con distintas parroquias. Yo tenía tres: San Mamés, Belmonte y Nuestra señora de la Sierra; ésta última comprendía los pueblos de Santa Eulalia, Salceda y Cotillo, que era la localidad más alta de Cantabria. Es decir, la zona más oeste de Polaciones. Y ahí estuve hasta 1967. De hecho, estando todavía de párroco en Polaciones, comenzaron a mandarme a San Sebastián de Garabandal, que fue mi siguiente destino”.

José Olano en su despacho

“No llegué a vivir la época de las supuestas apariciones”, asegura, “aunque sí toda la movida de aquellos años. Como sacerdote joven, me sentí muy a gusto con la gente del pueblo. Se portaron muy bien conmigo, y trabajé muy bien, sobre todo con los jóvenes. Lo complicado era tratar con los visitantes que venían atraídos por el fenómeno de las apariciones. Pero yo intentaba en todo momento que la vida parroquial no se rompiera, tal y como me había pedido el obispo, Vicente Puchol”. De ahí pasó a Tanos y Nueva Ciudad, en 1969.

“En 1970, me enviaron al Seminario de Corbán como formador y profesor”. Acababa de terminar el Concilio Vaticano II, “que marcó nuevos pasos en la Iglesia, y mucha renovación”. Aires nuevos que afectaron también a los seminarios. “En Santander se abrió un Seminario menor en Argomilla. Los mayores fueron a Madrid, y después a Oviedo. Así que, en Corbán, estaban los que venían de Argomilla, y los nuevos. Entonces se llamaba ‘Colegio Seminario’. Los chicos estudiaban bachiller y preuniversitario. Unos mostraban vocación, y otros no”.

De esa época destaca “el buen ambiente que había. El equipo de sacerdotes y profesores estábamos muy compenetrados, y trabajamos mucho en común. Se creó un ambiente tan bueno, familiar, de libertad, que los alumnos de aquella época todavía lo recuerdan. Muchos de ellos se siguen reuniendo todos los años. Y eso, para mí, es una satisfacción, un orgullo. Algunos son ya abuelos, y aseguran que esa ha sido una de las experiencias más gratificantes que han vivido. Para mí también, como sacerdote”. La próxima ‘quedada’ tendrá lugar el 3 de octubre. “Participan entre 40 y 50 personas cada año. Yo suelo asistir casi siempre, aunque en esta ocasión no podré. Solemos organizar la jornada de convivencia en Corbán, por el recuerdo que tienen de aquellos años”.

Confirmaciones en Santa Lucía

Roma, Salamanca y Monte

En la década de los años 70 del siglo XX, José Olano retomó sus estudios. “En 1975 me fui a estudiar a Roma, hasta 1979. Hice la licenciatura de Psicología de la educación en la Universidad Salesiana. Yo quería dar un paso adelante en mi formación, y se lo propuse al obispo, que entonces era Juan Antonio del Val. Y lo aceptó”.

El traslado a la Ciudad Eterna fue un gran paso en su vida. “Roma tiene un gran atractivo -reconoce-, no solo por la posibilidad de conocer la ciudad, sino por la relación con alumnos de otros países”. Un tiempo en el que vivió una de las experiencias que más marcaron su vida. “Yo estaba en la plaza de San Pedro cuando salió la fumata blanca de la elección de san Juan Pablo II”, apunta. “Ver eso en vivo es un recuerdo que no se olvida. Por aquella época, yo pasaba los veranos en Estados Unidos, en una parroquia de Brooklyn, y ahí viví la muerte de Pablo VI. Después, me vine a Santander, para terminar las vacaciones. Y coincidió con el fallecimiento de Juan Pablo I. Y, cuando comenzó el curso, regresé a Roma, y coincidió con la elección del nuevo Papa“.

Con la licenciatura bajo el brazo, regresó a Santander. “Me destinaron como párroco a Monte. Pero yo quería convalidar mis estudios de Filosofía. Lo hice en la Universidad Pontificia de Salamanca, a distancia. Tuve que cursar algunas asignaturas, pero en 1981 obtuve la licenciatura en Filosofía y Letras”.

Visita pastoral a Santa Lucía

Fue párroco de Monte desde 1979 hasta 1995. “Me tocó ir después de un sacerdote que era muy mayor. Yo acababa de llegar a España, con el Concilio Vaticano II reciente, con ganas de renovar y de hacer cosas nuevas. Y eso me llevó a poner en marcha muchas iniciativas”. De los 16 años que pasó en esa parroquia, “en la que estaba muy a gusto”, resalta “el contacto con los jóvenes. Creé el grupo Scout. Y fue una experiencia muy agradable: trabajar con los jóvenes, vivir los campamentos… Son experiencias muy señalizadas”. “Así que -continúa- cuando el obispo me llamó para decirme que me enviaba a Santa Lucía, me sorprendió. Yo no lo había pedido. Además, estaba en la plenitud de la edad, y de mi trabajo pastoral. Me encontraba muy a gusto”, incide. “Pero hubo que cortar. Y trasladarse a Santa Lucía”.

Santa Lucía

Al principio, el cambio le costó. “Yo soy de pueblo. Y, para mí, Santa Lucía era la ciudad. Yo no había vivido ese ambiente. Me resultaba extraño. Porque en Monte, aunque había una zona un poco suburbana, en general se hacía vida rural. Y se nota la diferencia: la vida rural es más comunicativa; puedes hablar con la gente. La ciudad es más fría. El poder saludar a la gente, y que te contesten, te hace sentir más cercano. Aunque, con los años, te vas adaptando”, sonríe.

He pasado en Santa Lucía 31 años: la mitad de mi vida sacerdotal”, explica. “Soy un cura del Concilio. Presumo de ser un cura del Concilio. Vivir el Concilio ha sido una experiencia muy bonita, que no se puede vivir siempre”, asevera, “ya que los Concilios son cada 100 años. Pero el Vaticano II ha marcado una época de la vida de la Iglesia. Y el espíritu del Concilio, de la Iglesia como servidora de este mundo, se me ha quedado grabado. Eso, y lo que tenemos que hacer: anunciar el Evangelio de Jesucristo, dar testimonio de nuestra de nuestra fe. Y, lo más importante, la participación de los seglares. Porque hemos pasado de una iglesia muy clerical, en la que los seglares obedecían, a que los seglares participen”.

Retrato de José Olano

Es consciente de que “es difícil dar ese paso, dejar de ser clerical, y que los seglares lo entiendan, y descubran su vocación de corresponsabilidad para cumplir la misión de Cristo. Es un paso muy importante, pero muy costoso”. Lo ha intentado en Santa Lucía. “La comunidad estaba muy centrada en el culto, en los actos piadosos. Formación, poco. Y, misión, menos. Yo he intentado cambiarlo. Ha sido un trabajo que me ha motivado, y me ha llenado. En estos años hemos ido dando pasos. Se han creado grupos de estudio, de vivencia, y de trabajo. Los grupos son los que pueden ayudar a los fieles a tomar conciencia, a sentirse miembros de una comunidad. La fe no se vive individualmente, sino de forma compartida”. Hoy, “sigue habiendo una comunidad de fieles muy mayores. Por eso, hay que trabajar en el relevo generacional”.

Confirma que “he ido abriendo caminos en esa dirección. Pero los años van pasando, te vas haciendo mayor, a veces incluso te acostumbras al ritmo de las cosas, te surgen menos iniciativas para ir avanzando en el servicio a la comunidad”. Ahora, le pasa el testigo a su sucesor, Óscar Lavín. “Es muy conocido en la parroquia, porque todos los meses nos daba una charla formativa”.

Servicio a la Iglesia

Delegado de Cáritas Diocesana de Santander en el pontificado de José Vilaplana, y capellán del entonces psiquiátrico de Parayas, como párroco de Santa Lucía ha sido presidente del Patronato de la Fundación de San Cándido. “Ha sido una experiencia gozosa -manifiesta-, porque he podido contribuir a que San Cándido sea una residencia que ha ido avanzando, no solo en las instalaciones, sino en el trato y en el cuidado a las personas, gracias al Patronato y a la dirección”.

José OlanoDespués de 61 años como sacerdote, y a punto de cumplir 86 años, “el próximo mes de diciembre”, se muestra “muy contento de haber podido servir a la iglesia. Toda mi vida me he entregado a lo que me pedían mis superiores. Con aciertos y con errores. Pero muy agradecido por haber vivido la experiencia del Concilio, que me ha dado ese espíritu de renovación”.

De estos últimos 31 años, valora la creación de los locales parroquiales, en la calle Montezuma, 4, inaugurados en 2001; la celebración del 150 aniversario de la parroquia, en 2018. Y la reciente restauración del campanario, la torre y el reloj. “Queda el órgano, que se va a arreglar con una subvención de 30.000€ que nos ha dado la Fundación Botín”.

Ahora, le pasa el testigo a Lavín. “Tengo mucha confianza en él. Le conozco. Sé que está muy bien preparado. Que es inteligente, y muy trabajador. Va a contar con la ayuda de dos sacerdotes: el actual vicario parroquial, y un cura que se acaba de jubilar, y que colaborará como adscrito”, concluye.

José Olano fachada de Santa Lucía

 

 

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