Óscar Lavín Aja
El evangelio de este domingo 28 del Tiempo Ordinario es el mismo evangelio que en la Jornada de la Juventud de agosto del 2023 en Portugal, el Papa Francisco lanzó el grito de “todos, todos, todos”. ¡En la Iglesia caben todos!
En los tiempos de la Providencia de Dios coincide que en Roma se está celebrando, estos días, una reunión de los presidentes de las conferencias episcopales del mundo con el Papa León XIV para discernir estos diez años de la exhortación apostólica “Amoris Laetitia”. Sobre la situación de las familias y de las situaciones irregulares. Se produce una tensión entre la identidad de la doctrina y la acogida de la práctica concreta. Si acogemos a todos parece que es a base se rebajar o negar la doctrina. Si, por el contrario, afirmamos la doctrina con firmeza parece que no acogemos y dejamos a gente “fuera” de la Iglesia. En el SER de la Iglesia se encuentra la paradoja, la tensión de polos (identidad – misión).
El Papa Francisco aplicaba la primacía de la misericordia: ¡Todos dentro de la Iglesia! Después ya veremos como podemos resolver los problemas y los líos que nos puedan traer.
La parábola del Reino, de este domingo, se va abriendo a todos los invitados por los caminos, buenos y malos. TODOS. Personalmente percibo que en algunos hermanos en la Iglesia esta mirada de Jesús no se comparte. Persiste la dureza de la LEY por encima de la misericordia. Pero si no hay mirada de misericordia no es posible el seguimiento de Jesús. La LEY nos revela a buenos y malos. El Reino de la Gracia llama a Todos. Hay que repensar el cristianismo entero desde la GRACIA.
Es muy bella la prefiguración del profeta Isaias sobre la plenitud del Reino de Dios. Reunir a todos los pueblos, con manjares suculentos y vinos añejos, rasgar el velo que cubre a todos los pueblos y que tapa la grandeza del ser humano. Dios nos convoca a un BANQUETE, a una Fiesta, donde el Amor derribará el mal, el egoísmo, la injusticia, la ignorancia… y surgirá una plenitud. Nuestros ojos verán por fin lo que SOMOS. Sin velos.
Finalmente, está el personaje del que no va vestido y es arrojado fuera. Ante el ofrecimiento de la Gracia de Dios está el misterio de la libertad humana. El hombre puede decir que NO a Dios y su reino. ¡Dios no condena! Pero nosotros podemos elegir no estar con Dios. No hay nada más que mirar al mundo de hoy.
