Esteban Martínez y Ana Belén Ríos, matrimonio misionero: “Queremos seguir adelante con esto hasta que hasta que Dios quiera”

Esteban y Ana Belén, matrimonio misionero

Este martes, 13 de octubre, la Sala Manuel Sánchez Monge de la Catedral ha acogido el tradicional Pregón del Domund. En esta ocasión, ofrecido por un matrimonio de nuestra diócesis, Esteban Martínez y Ana Belén Ríos, que misionan en Córdoba (Argentina). “Somos un matrimonio misionero -explican-, de Cantabria. Llevamos 5 años casados. De profesión, somos integradores sociales. Y pertenecemos a la comunidad católica Fe y Vida”, en la que Esteban lleva 7 años y Ana Belén 26.

“Nuestra vocación misionera -comentan- surge de un proceso de conversión y discipulado en Fe y Vida, y también en la diócesis. Es el resultado a una llamada de servicio, de evangelización, de estar en la Iglesia y con los más pobres”. Y, es que, “en todo ese proceso de convertirnos en cristianos maduros en la fe, el Señor fue poniendo en nuestro corazón una llamada al servicio, a los más necesitados, que se fue concretando en distintos voluntariados o acciones. Por supuesto, al servicio de nuestra comunidad Fe y Vida, pero también en la diócesis”, insisten.

Así, “en los últimos años hemos sido voluntarios de Cáritas en la parroquia, de la Cocina Económica de las Hijas de la Caridad, de Pastoral Penitenciaria… Estuvimos haciendo celebraciones de la Palabra en el Valle de Polaciones y Tudanca… Y todo eso fue afianzando nuestra vocación a dedicarnos a los más necesitados. Además, como integradores sociales, trabajábamos también en el sector”. Esteban, en concreto, en Proyecto Hombre. Sin embargo, añaden, “es cierto que el Señor nos estaba llamando a algo más, a una entrega más completa. Así que podemos decir que la vocación surgió de pequeños pasos, de un camino en el que siempre hemos estado acompañados por la Iglesia y por Fe y Vida, que fuimos discerniendo y también rezando, acompañados de mucha gente que nos estuvo aconsejando y ayudando a discernir y a vivir en la verdad de esa llamada”.

Esteban y Ana Belén, matrimonio misionero

Todo empezó con un Sí

“En nuestro caso -indican-, todas las decisiones empiezan por un Sí. Todo empezó con un Sí al Señor y un Sí a la misión. En ese momento, como familia de acogida, ya que estábamos en Pastoral Penitenciaria, y acogíamos a privados de libertad en nuestra propia casa. Fue una etapa muy bonita. Nosotros compaginábamos nuestros trabajos, los servicios que hacíamos en la diócesis, y otros servicios o actividades dentro de nuestra comunidad católica de Fe y Vida, con nuestra propia vida como familia. Fue una etapa en la que íbamos buscando los equilibrios, y al final te va llevando progresivamente a ese Sí”.

“Mucha gente -evocan- ya veía que teníamos una vida entregada al servicio, pero nosotros sentíamos una llamada a algo más. Y eso fue confirmado por nuestra comunidad, que nos propuso formar parte de la Fraternidad Misionera. En ese momento, nosotros lo pusimos en la oración, en manos de Dios, y vimos que sí, que queríamos integrar todas las áreas de nuestra vida, y entregar nuestra vida completa, sin parcelas, a dar la buena noticia a los pobres”.

“Recordamos con mucho cariño -señala Ana Belén- esos inicios, esos nervios, esas oraciones… También recordamos cuando se lo contamos a nuestro delegado de Misiones, Pedro Miguel Rodríguez Ricondo”. Porque, confiesan, “para nosotros, era muy importante la confirmación de la comunidad. También en este proceso nos dimos cuenta de que no era una cosa que queríamos hacer solos nosotros, sino dentro de la comunidad, con esa conciencia de que somos parte de algo más grande, de una iglesia”.

Esteban y Ana Belén, matrimonio misionero

Cariño y apoyo

De aquellos primeros pasos, recuerdan “con mucho cariño cuando se lo contamos a Pedro Miguel, y también cuando hablamos con don Arturo, nuestro obispo, y con cuánto cariño acogieron nuestra vocación, y todo el apoyo que nos dieron desde el minuto uno. Esa sensación de que pertenecemos a algo más grande. De formar parte de las Obras Misionales Pontificias, ya que también hablamos con el director nacional, José María Calderón. Y saber que no estamos solos en esta misión. Que la llamada es a vivirla en comunidad, en la iglesia. Tenemos recuerdos muy entrañables, muy bonitos, de mucha gente que nos estuvo apoyando, y que nos sigue apoyando a día de hoy”, inciden.

Tanto Esteban como Ana Belén son conscientes “de que hay gente que nos apoya con su oración, con su aportación económica, formando parte de todo esto. Así que esta decisión de entregarlo todo vino muy, muy arropada. Es algo que recordamos con mucho cariño, y confirmados de que queremos seguir adelante con esto hasta que hasta que Dios quiera”.

Esteban y Ana Belén, matrimonio misionero

Misión en Córdoba

En septiembre se cumplió el primer año de su presencia misionera en la diócesis de Córdoba (Argentina). Después de regresar a casa, por motivos familiares, el próximo domingo, 18 de octubre, coincidiendo con el Domund, regresarán a tierras argentinas, para continuar con la misión.

“Allí nos han recibido con muchísimo cariño. Tenemos a un sacerdote, Nacho, que es el responsable de misiones en la zona de Córdoba, que es bastante grande. Y estamos en contacto con Fernando Sánchez, director de OMP Argentina, que además es natural de Córdoba”, apuntan. “Un territorio en el que realizamos varias misiones. Por ejemplo, estamos misionando en la parroquia de Jesús Grabados del Mundo, ubicada en el extrarradio de la ciudad de Córdoba. Formamos parte del Consejo Pastoral, donde se dan forma a las actividades de la parroquia, que comprende bastantes barrios, villas, y con una población muy variada. Hay barrios donde viven personas con recursos bajos; y una zona con población migrante, con una comunidad muy fuerte de Paraguay; hay otros barrios donde hay droga, y gente que no tiene lo necesario para vivir dignamente”.

Para dar respuesta a las necesidades existentes, “en uno de los barrios se hace una olla popular, todos los jueves, para dar de comer a más de 100 familias. También realizamos actividades de prevención, sobre todo para niños y jóvenes, a través de la música, el deporte, el apoyo escolar, sin descuidar la parte espiritual”.

Esteban y Ana Belén, matrimonio misionero

“Nuestra parroquia -prosiguen- está hermanada con otra en Santiago del Estero, que es otra provincia, en el campo. Y vamos dos o tres veces al año para hacer misión, y dar apoyo al párroco, haciendo actividades de evangelización y catequesis. La gente vive de manera precaria, porque faltan servicios mínimos”.

Otra de sus encomiendas pasa por el CRU. “Realizamos actividades de formación y evangelización”, continúan. “Por ejemplo, una vez al mes ponemos la carpa misionera en barrios muy humildes, en los que suele haber muchos conflictos, además de consumo de droga. Creamos equipos, y vamos casa por casa animando a la gente: rezamos, les hablamos de las actividades de la parroquia, y les invitamos a acudir a la carpa, donde hay sacerdotes para confesar, orar y dar catequesis”.

“El Hogar de Cristo -declaran- es otra actividad. Los hogares de Cristo es la respuesta de la Iglesia católica al drama de las adicciones. Son personas que llegan muy rotas. Y, a través de distintas etapas, la persona va caminando hacia su recuperación. Pero, para eso, es muy importante trabajar con la complicidad de la persona de manera integral. Hoy en día atendemos a más de 250 personas directamente que vienen de toda la ciudad de Córdoba. Además, hay una escuela de adultos para facilitar que puedan tener un mínimo de educación, además de talleres ocupacionales, entre otras cosas”.

Esteban y Ana Belén, matrimonio misionero

“Lo peor de todo -afirman- es que estas personas vienen con la dignidad perdida. Y lo más difícil es hacerles ver que su vida vale la pena. Es uno de los trabajos más duros. Pero, también, más bonitos”. La parte espiritual también se trabaja con ellos. “Se trabaja mucho ese encuentro con Jesús; que Dios te ama, está ahí, te perdona y te salva. Muchos se acercan a los sacramentos. Al final tenemos claro que Dios salva y cambia vidas, y que nosotros somos puros mediadores”.

Ahora, como dicen ellos, “la misión continúa. Cuando lleguemos, nos incorporaremos para la organización del recibimiento y la visita de León XIV a Córdoba. Estaremos donde el Señor nos llame, y donde sea necesario”, concluyen.

 

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