Alejandro Benavente, delegado de las Causas de los Santos: “Nuestros mártires nos dejan un mensaje de amor, de entrega, de perdón y de fidelidad al Evangelio”

Alejandro Benavente

El próximo 7 de noviembre, la Catedral de La Asunción de Santander acogerá la solemne ceremonia de beatificación de 80 mártires del siglo XX de la diócesis. Se trata de la Causa de Francisco González de Córdova y 79 compañeros mártires: en total, 67 sacerdotes diocesanos tres seminaristas, tres religiosos carmelitas y siete laicos.

Para Alejandro Benavente, canónigo de la catedral y delegado para las Causas de los Santos de la diócesis de Santander, “Francisco González de Córdova fue un sacerdote que, ejerciendo su ministerio y su entrega, dio su vida. En el momento en el que le sorprende la persecución religiosa, estaba de párroco en Santoña. Él nació en Viérnoles, y ejerció el ministerio en diversos sitios. Fue además un hombre muy volcado con la catequesis de aquel tiempo”.

La fase diocesana de la Causa comenzó en 2005. “Fue el obispo de Santander, monseñor José Vilaplana, quien la inició pidiendo el Nihil obstat al Dicasterio, en aquel momento Congregación para las Causas de los Santos. Era necesario para poder comenzar este proceso, que, desde sus inicios, no ha estado exento de dificultades. De hecho, una vez solicitado el Nihil obstat, Roma pidió una investigación más exhaustiva, lo que retrasó todo un poco”, evoca.

El delegado diocesano para las Causas de los Santos reconoce que “puede parecer que ha pasado mucho tiempo desde el martirio hasta la beatificación. Pero hay que tener en cuenta que, aunque en la lista final hay 80 mártires, en el inicio había muchos más. Y hay que examinar, investigar y redactar exhaustivamente cada caso. Uno por uno. Con lo que supone de recoger el sumario de testigos, varios por cada Siervo de Dios; y, después, todo eso hay que elaborarlo, prepararlo, redactarlo y enviarlo a Roma”.

Francisco González de Córdova, mártirInsiste en que, aunque “el día 7 serán elevados a los altares 80 mártires, en la lista hay muchos más. En Roma se mira todo el proceso con lupa: cada biografía, cada declaración de testigos, cada escrito. Por eso, los que integran esta Causa son los 80 de la lista definitiva. Pero tenemos muchos más mártires. Y yo no pierdo la esperanza de que, en un futuro no muy lejano, podamos ver a alguno de los que no han entrado en esta lista también en los altares, como mártires del siglo XX de la diócesis de Santander. Algún sacerdote, algún laico…”.

Hombres muy queridos

Si algo llama la atención de esta Causa, es que todos sus integrantes eran muy queridos en los pueblos donde vivían o desarrollaban su labor. “En efecto”, asegura Alejandro. “Si algo hicieron, fue intentar ayudar a los demás. Por eso ninguno huyó. La persecución les encontró trabajando, ejerciendo su ministerio: a los sacerdotes, a los religiosos, a los laicos, a los seminaristas”.

En este sentido, menciona a un seminarista. “Era natural de Valderredible. Estaba estudiando en la Gregoriana de Roma, y vino a casa, a pasar las vacaciones. Fue apresado cuando estaba intentando pasar a la zona de Burgos. Y uno de los documentos que se aportó en la Causa, para que lo estudiaran los peritos, es un manuscrito suyo, que conservamos; se trata de unos versos preciosos en los que él, sin saber lo que iba a acontecer, hablaba del martirio, de la entrega de su vida, de cómo no le importaría entregársela al Señor, y de cómo perdonaría, si llegara el momento, a quienes llevaran a cabo este acto”.

Clausura fase diocesana Causa Francisco González de Córdova“Lo mismo -añade- con los religiosos carmelitas. Uno de ellos, el hermano Ruperto, cuando lo detuvieron, estaba vestido de seglar; y dijo quién era. Es decir: no lo ocultó. Ellos sabían lo que les iba a ocurrir”, afirma. “Y muchos lo manifestaron a sus captores: ‘¿qué mal hemos hecho? No hemos hecho daño a nadie’. De hecho, en muchos casos, los vecinos, gente de buena voluntad, les ofrecían salir a otro lugar para intentar evitar que fueran capturados, con las consecuencias posteriores que todos conocemos; pero ellos se negaron, alegando: ‘No hemos hecho nada malo, más que querer a la gente, enseñar los niños, educarlos y estar con todos’”.

Mensaje de amor, entrega. fidelidad

Los 67 sacerdotes que figuran en la Causa tampoco quisieron abandonar a sus feligreses, y siguieron con su tarea pastoral, incluso en la cárcel. “El ejemplo lo tenemos en quien encabeza la causa: Francisco González de Córdova. Fue el último que salió de la bodega del barco-prisión Alfonso Pérez ese fatídico 27 de diciembre de 1936, para ser asesinado, como el resto de sus compañeros, en la cubierta; y lo hizo para confortarles, dándoles a besar un crucifijo que llevaba, y que hoy tenemos. Él quiso ser el último precisamente para dar el último abrazo, espiritual y físico, a sus hermanos sacerdotes”, apunta.

Los mártires que integran la Causa, asevera, “nos dejan un mensaje de reconciliación; un mensaje de paz; un mensaje de amor, de entrega, de perdón y de fidelidad al Evangelio. Ellos murieron perdonando a sus verdugos, a quienes los habían denunciado, y a todos aquellos que pudieran, en algún momento, haberlos hecho algo mal”.

Mártir José María Soler Plá

“Ellos mueren perdonando”, incide. “Quedémonos con esto. Esa es la prueba y el testimonio del amor. Jesús muere en la cruz, perdonando. Todos estos hermanos nuestros, los sacerdotes, los seminaristas, los religiosos y los laicos, mueren perdonando. Así lo han atestiguado los testigos, y lo hemos recogido en esos dos tomos de la Positio. Cuando Roma examina toda la documentación de una Causa, una de las cosas que hay que verificar es que no hay odio, sino amor y perdón”.

Cuadro y reliquias

El 7 de noviembre, estos 80 Siervos de Dios serán elevados a los altares “en una Misa que tiene, sobre todo, dos momentos muy importantes. El primero de ellos, prácticamente al principio, es cuando el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, que presidirá la celebración eucarística, lea el decreto firmado por el Papa León XIV recientemente. En ese momento quedarán proclamados como mártires nuestros 80 hermanos. Y, a continuación, se descubrirá el cuadro, que estará en el presbiterio; se trata de una pintura de Indalecio Sobrino, que es quien ha plasmado y reflejado las caras de nuestros mártires. No están todos, ya que hay muchos de los que no disponemos de foto; pero aquellos de los que tenemos imágenes, sí que están”. “Después -prosigue-, otro momento muy importante será cuando entren en procesión, por el pasillo central, las reliquias. Serán llevadas hasta el presbiterio, donde serán incensadas por el cardenal prefecto”.

“Una ceremonia de beatificación”, confiesa, “que no es un punto y final, sino que tiene que ser un punto y seguido. Esto no termina aquí. Yo creo que nuestros mártires nos invitan a cada uno de nosotros a mirar nuestro corazón. Ponen su vida como ejemplo de seguimiento, de fidelidad, de entrega. Por eso, yo invito a todo el mundo, y a mí mismo, a descubrir, a partir del día 7, qué significa para mí esta beatificación. Qué me dice al corazón. Y siempre confiando en que estos, que serán pronto nuestros intercesores desde el cielo, nos vayan guiando en nuestro camino pastoral, que es de entrega y de acompañamiento a todos nuestros hermanos de la diócesis”, concluye.

Beato mártir Arizcun

 

 

 

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