Este viernes, 11 de septiembre, el Seminario de Monte Corbán acogerá el encuentro sacerdotal diocesano organizado con motivo del inicio de curso pastoral. Una jornada que dará comienzo a las 11:00 horas con una oración-meditación dirigida por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, y que continuará con la presentación del Plan Pastoral 2026-2027, a cargo de los vicarios episcopales de Evangelización, Acción Caritativa y Social y Clero.
Ricardo Alvarado, vicario episcopal de Acción Caritativa y Social, confiesa que “siempre estamos muy pendientes de lo que el Papa va suscitando en el pueblo de Dios. En su reciente visita apostólica a España, y muy especialmente en sus encuentros con todas las realidades diocesanas de caridad y de asistencia, nos recordó que la persona humana debe estar en el centro de nuestra acción en la iglesia. Además, en esos encuentros, subrayó de manera muy reiterativa que la caridad es el mayor mandamiento social”.
“Esa afirmación -insiste- nos interpela y nos inspira para que no quede solo como una idea inspiradora, sino que debe de convertirse precisamente en un criterio pastoral, en un modo de organizarnos que sea nuevo, en un estilo de presencia, y, quizás, en ese impulso concreto para que condicione nuestras líneas de acción”.
Con ese hilo conductor, se han recogido en el Plan Pastoral líneas de trabajo para este curso. Como continuar trabajando en el informe FOESSA presentado el pasado mes de febrero. En este sentido, Alvarado comenta que “desde esta convicción de que la caridad es el mayor mandamiento social, los resultados de ese informe no se van a quedar para nosotros en un mero dato sociológico que hay que analizar y revisar, sino que van a constituir, además, una llamada espiritual y, sobre todo, pastoral. Tenemos que acoger toda esa realidad de la pobreza, de la exclusión, de la precariedad, esos problemas que nos rodean, y que están presentes en nuestras familias, en nuestros amigos, como son la soledad, la fragilidad familiar o la dificultad de tantos jóvenes para mirar el futuro con esperanza. Esto nos pide a nosotros, como diócesis, que creemos un espacio serio, compartido y permanente de reflexión desde la Doctrina Social de la Iglesia”.
Confiesa que “en nuestra diócesis existe esa sensación de comunión caritativa y social. Pero nosotros, como tantas veces nos pide nuestro obispo, no podemos reducir nuestra acción al mero conformismo. Tenemos que estar muy pendientes de qué es lo que la realidad nos va diciendo. Y, para esto, hay que estar constantemente pulsando nuestra realidad”.
“Todo el material didáctico que se elaboró a partir de los datos del informe FOESSA -prosigue- nos ayuda. Y nos recuerda también, lógicamente con el Papa, que el camino sinodal es un proceso de escucha en profundidad, pero capaz de reconocer la voz de Dios: qué es lo que nos está pidiendo en este momento, y cómo habla su espíritu a través de la comunidad eclesial”.
“La consecuencia inmediata -apunta- tiene que ser afrontar una reestructuración de la acción caritativa y social en nuestra diócesis. No se trata únicamente de reorganizar tareas, proyectos o recursos, sino de crecer en una verdadera eclesiología de comunión, donde los distintos ámbitos que actualmente están en el campo de la caridad y de lo social se entrelacen. Es decir, que los carismas se complementen”.
En definitiva, “se trata de pasar de la uniformidad al poder vivir en la diversidad. Creo que tenemos un gran tesoro en la iglesia, que es nuestro verdadero testimonio, al que estamos llamados a perfeccionar, crecer y avanzar”.
El drama migratorio, tan presente en nuestra sociedad, es otra de las llamadas de atención del nuevo Plan Pastoral. “El año pasado -señala- tuvimos la iniciativa de hacer unas jornadas sobre la migración. La respuesta fue bastante aceptable. Y lo queremos reforzar en este curso. Desde luego, la realidad de la migración es algo que no podemos obviar en nuestra acción, sino que nos ofrece una gran posibilidad, no solamente de no reducir nuestra acción a lo simplemente material, sino de presentar una iglesia que no ofrece sola y únicamente ayuda material, sino también una presencia que reconoce, que dignifica, que acompaña y sobre todo que construye una cultura en la que se nos haga dar testimonio”.
Todas estas acciones propuestas en el Plan Pastoral, junto con otras muchas, “serán posibles con la colaboración de todo el Pueblo de Dios, al cual nosotros pertenecemos. No es cosa de unos pocos. Esta es la gran riqueza de la iglesia: poder escapar de la uniformidad, de protagonismos que no nos llevan a nada, sino sentirnos realmente como una familia que, como iglesia, peregrina en esta tierra tan querida nuestra que es Cantabria y el Valle de Mena. Esto es una cuestión de todos. Que el pueblo de Dios -laicos, seglares, religiosos, sacerdotes- se sienta protagonista. Y siempre liderado por nuestro obispo”, concluye.


