Ricardo Alvarado, párroco de Bezana: “Para nosotros, es un privilegio tener un beato mártir como don Ángel Viqueira Villanueva”

Beato mártir Ángel Viqueira, párroco de Bezana

El próximo 7 de noviembre, la Catedral de la Asunción de Santander acogerá la solemne ceremonia de beatificación de 80 mártires del siglo XX de la diócesis de Santander. Se trata de la Causa de Francisco González de Córdova y 79 compañeros mártires. Entre ellos, Ángel Viqueira Villanueva, que en el momento de su martirio era párroco de Bezana.

Como explica Ricardo Alvarado, vicario de Acción Caritativa y Social y actual párroco de la localidad, “para nosotros, es un privilegio tener un beato mártir como don Ángel Viqueira Villanueva. Nos venimos preparando para esta fecha desde junio de 2025, cuando tuvimos que exhumar los restos, que estaban en el cementerio del pueblo”. Una historia, la de su enterramiento, que “es muy bonita. Porque, cuando se llevaron a don Ángel a Peñas Negras para matarle, amenazaron a cualquiera que retirara el cadáver, ya que querían que se pudriera. Y unos mozos de la parroquia fueron por la noche a recoger su cuerpo, y clandestinamente lo llevaron al cementerio de Bezana; lo enterraron en un lugar anónimo. Cuando Santander fue liberado, en 1937, le pusieron una lápida. Y ahí ha permanecido, custodiado, hasta que lo exhumamos, el año pasado”.

Para Ricardo, “en la vida de don Ángel se dan una serie de paralelismos que son muy interesantes. Por ejemplo, nació en Potes, donde se venera la Cruz. Su primer destino pastoral fue Camargo, que es donde alcanzaría su martirio, en el lugar conocido como Piedras Negras. Y su último destino fue la parroquia de la Santa Cruz, en Bezana, donde se venera una reliquia de una astilla de la Cruz”, apunta.

Interior de la parroquia de BezanaCelo pastoral

“Don Ángel -evoca- fue un sacerdote con un celo pastoral muy fuerte, que brillaba muchísimo, por su devoción, su predicación, su amor a la Virgen…”.

En todos sus destinos -Camargo, Lamasón, Ojébar, Ontaneda, Campuzano o Bezana- repetiría el mismo estilo ministerial: cuidar el culto, predicar con esmero, enseñar la fe y compartir la vida cotidiana de sus feligreses, además de un gran fervor religioso y una actividad pastoral constante.

“Es curioso -señala Ricardo-, porque hasta los medios de comunicación hablan de él, de lo bueno que era predicando… Por ejemplo, el 31 julio de 1930, La Voz de Cantabria publica una reseña, resumiendo la huella que había dejado en Ontaneda. Y al poco de llegar a Campuzano, su siguiente destino, elogian la organización de la procesión y de las fiestas del Rosario, o las mejoras que había impulsado en la iglesia”.

En agosto de 1931, es nombrado ecónomo de Bezana. “En esta época -refiere Ricardo – don Ángel recibe dos golpes muy duros, ya que fallece su madre, que vivía con él, y poco después, él mismo sufre una enfermedad, que casi le cuesta la vida. Le dejó muy debilitado, y por eso nombraron a Avelino Gómez Llama como su coadjutor”.

“A pesar de su debilidad -prosigue- don Ángel sigue con su actividad: celebra, predica, acompaña a las familias y atiende a los necesitados. Por eso, cuando estalla la guerra, no piensa en huir, sino en acompañar a la comunidad que le había sido confiada”.

Sacerdote mártir de Bezana con feligresesDetención y martirio

“Hay testimonios de esa época –indica Ricardo- que refieren cómo en ese verano de 1936 se cierra la iglesia, y se suspende el culto. Tras varias amenazas tuvo que entregar las llaves del templo, que fue saqueado, y pasó a destinarse a almacén. También tuvo que dar dinero de la parroquia al Frente Popular, pero parece que nada de eso fue suficiente”.

En el mes de agosto, fue llevado a Santander para prestar declaración, aunque le dejaron volver a Bezana. Ricardo reconoce que “pudo haber huido, porque la gente que le quería le avisó de que estaba en el punto de mira. Pero él nunca quiso abandonar a sus feligreses. Decía que se había hecho párroco, y que le habían encomendado el cuidado de aquellas almas”.

Según se narra en su martirio, fueron directamente a por él, por ser sacerdote. La noche del 5 de septiembre, varios hombres, que se hicieron pasar por policías, le sacaron de su casa, y le obligaron a subir a un automóvil. “Su hermana testificó diciendo que se presentaron con la excusa de que tenía que ir a declarar. Pero era mentira”. Conducido al mencionado paraje de Peñas negras, en la zona de Camargo, fue asesinado de un tiro en la frente.

Su coadjutor, Avelino, salvó la vida porque pudo huir. Y, al término de la guerra, hizo constar por escrito todo el martirio que había sufrido don Ángel, afirmando su fama de santidad.

Detalle de la declaración de´coadjutor de Ángel Viqueira

Vida martirial

Hoy, la parroquia de Bezana se prepara para festejar este acontecimiento histórico. “Llevamos dos semanas dando a conocer la vida martirial de don Ángel”, comenta el párroco de Santa Cruz, “desde la perspectiva de la entrega generosa y, sobre todo, desde la reconciliación, porque él murió perdonando”.

Para ello, han elaborado un folleto explicativo, que está sirviendo de ayuda, ya que “la gente del pueblo está empezando a tomar conciencia de lo que supone tener un beato mártir”.

Entre las actividades organizadas, el sábado 7 de noviembre vivirán la beatificación. “Y, el sábado 14, tendremos una jornada de retiro centrada en la entrega martirial: qué supone para la Iglesia la entrega de la vida por fidelidad a la fe”.

Como proyecto de futuro, la parroquia está trabajando en la elaboración de una urna donde se colocará la reliquia del nuevo beato. “Irá colocada debajo del altar, en un lugar muy visible”, señala Ricardo. Y, por último, se le dedicará una capilla.

Panorámica de Bezana

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