La Catedral de Santander ha acogido este viernes por la tarde una solemne Vigilia en la que numerosos fieles de la diócesis de Santander y llegados de fuera se han dado cita para rezar en comunión y preparar juntos el corazón para la gran fiesta de la beatificación de los 80 mártires del siglo XX de la Diócesis que mañana serán elevados a los altares.
Presidida por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, a la misma se han unido algunos de los prelados que concelebrarán en la ceremonia de este sábado, como el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo emérito de Valladolid, el arzobispo de Burgos, monseñor Mario Iceta, o los obispos eméritos de Santander, monseñor Manuel Sánchez, y de Huelva, monseñor José Vilaplana, ademas del obispo auxiliar de Valencia, Fernando Enrique Ramón Casas.
Con la música de órgano de fondo, a cargo de David Rodriguez Ricondo, y los cantos entonados por Álvaro Asensio, maestro de ceremonias y deán de la Catedral, ha dado comienzo una ceremonia en la que «alabamos a Dios por la obra redentora que su Hijo Jesucristo ha realizado en la Cruz, modelo de testimonio y de entrega fiel hasta dar la vida por todos nosotros», como ha recordado el obispo.
Durante la celebración, se han intercambiado lecturas bíblicas con cánticos y tres testimonios martiriales: el de Francisco González de Córdova, que encabeza la Causa; el de Francisco Sánchez Trallero, laico; y el de José Susilla Bustamante, seminarista. Tras la lectura del Evangelio, ha habido un tiempo de silencio, para ofrecer a continuación el testimonio de martirio del hermano Maximino de la Virgen del Carmen, novicio carmelita.
A continuación, el obispo ha dirigido a los presentes unas palabras de reflexión, exhortando a vivir la beatificación en espíritu de agradecimiento por la vida y el testimonio de fe, perdón, y reconciliación de los nuevos beatos. «No queremos recrearnos en la crueldad del martirio», ha dicho. «Queremos admirar la belleza de sus vidas, su alma inmensa, su corazón palpitante y rebosante de amor, y la belleza de su fe«. Porque «en sus vidas hubo mucha alegría«.
Ellos, ha insistido, «llevaban a Dios en las entrañas y necesariamente lo tenían que reflejar con sus vidas». Por eso, «su testimonio es regalo para nosotros. Es poder ver con los ojos, sentir con el corazón y casi tocar con las manos la presencia de Dios en sus vidas y en las nuestras». Ademas, ha destacado que «ellos nos enseñan con Cristo a perdonar«, por lo que ha invitado a todos los presentes a aprender a perdonar, «porque el perdón es liberador. Engrandece nuestra alma y transmite a través de nuestra existencia la belleza del evangelio».
Tras la oración de los fieles, y el rezo del Padre Nuestro, ha concluido este encuentro de oración que ha servido para prepararse, como Iglesia diocesana, «para la gozosa celebración de beatificación de nuestros mártires que mañana viviremos en esta Catedral».
A continuación, el prelado se ha dirigido a la Capilla de los Mártires, ubicada a la entrada del templo, para venerar el lugar donde reposan los cuerpos de los que mañana serán beatificados. Después de descubrir el sepulcro, ha venerado los cuerpos en silencio, y encendido una lámpara votiva.


