La explanada del Santuario de la Virgen Bien Aparecida ha acogido esta mañana una Misa solemne en honor a la Patrona de la Diócesis de Santander y de la comunidad autónoma de Cantabria.
Presidida por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, en ella han concelebrado el vicario general, Álvaro Asensio, el superior provincial de los Trinitarios, padre Pedro Aliaga, el superior de la comunidad trinitaria, padre Vicente Basterra, y numerosos sacerdotes diocesanos -entre ellos, los miembros del Consejo Episcopal- y religiosos trinitarios. Como es habitual, a la celebración han asistido autoridades regionales, políticas y militares, además de cientos de fieles y devotos de la Bien Aparecida.
La ceremonia ha dado comienzo con la procesión con la imagen de la Virgen, que ha sido portada en andas por los miembros de la Peña ‘Los que faltaban’, cometido que cumplen desde siempre. Acompañada por los seminaristas, sacerdotes y el obispo, y el canto del himno a la Bien Aparecida, entonado por el cantor Andrés García, a su llegada al altar ha sido entronizada, antes de empezar la Misa.
En su homilía, monseñor Ros ha manifestado que, “mirando a María Bien Aparecida Asunta al Cielo en cuerpo y alma, nos ponemos en camino, para escuchar, acoger y poner en práctica la palabra de Dios«. Porque, «a mayor aceptación y cumplimiento de la voluntad de Dios, sentiremos la auténtica alegría que nadie nos podrá arrebatar”.
Para el prelado, “cuando respondemos amorosamente a la llamada de Dios, entramos ya a formar parte de ese proyecto de comunión que trae la paz y la alegría gozosa al corazón». Y es que “cuando vivimos del amor de Dios y amamos con el amor de Dios” es “cuando somos capaces de perdonar y ensanchar nuestro corazón”.
Abrir las puertas a los demás
En su reflexión, monseñor Ros ha recordado que “María Bien Aparecida se nos da como madre para proteger, cuidar y unir a sus hijos. Cristo nos dio a su madre en la cruz. Desde entonces, María está siempre acompañando a la comunidad cristiana» y «seguirá en la Iglesia, cercana y acogedora”. Por eso, ha exhortado a los presentes a convertirse “en tejedores de esperanza en nuestro mundo, que tanto lo necesita. Compartiendo lo que somos y lo que tenemos».
Dirigiéndose a la Virgen Bien Aparecida, le ha pedido “que acompañe nuestros pasos en el presente que cambia, y custodie en cada uno de nosotros la confianza en el Evangelio, de modo que podamos testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios”. Y le ha encomendado, de manera especial, “que cuide y proteja a las personas que más sufren, para que encuentren en ella y en nosotros consuelo y esperanza”.
“Bienaventurada Virgen María Bien Aparecida, Madre de Misericordia”, ha implorado, “vela por la Iglesia que peregrina en Santander. Que sea hogar auténtico de comunión y servidora ilusionada de la misión, para que, contemplando, viviendo y anunciando el amor de Dios, mostremos a todos el Evangelio de la esperanza”, ha concluido.


