Un grupo de 54 peregrinos -45 de la Unidad Pastoral Virgen de la Barquera, en el occidente de Cantabria, y 9 de parroquias de Madrid- ha iniciado una peregrinación a Tierra Santa con el deseo de vivir de cerca la experiencia del llamado ‘Quinto Evangelio’: recorrer los lugares donde Jesucristo nació, vivió, anunció la Buena Noticia, murió y resucitó.
La llegada tuvo lugar el lunes 12 de octubre, festividad de Nuestra Señora del Pilar. Desde entonces, los peregrinos están viviendo unos días intensos de descubrimiento, oración y convivencia, en los que cada lugar visitado se convierte en una invitación a profundizar en la fe y a encontrarse personalmente con el Señor.
Del monte Tabor a Nazaret: renovar el amor y la fe
La jornada del martes comenzó con la visita al monte Tabor, lugar tradicionalmente vinculado a la Transfiguración del Señor. Allí, la contemplación de este misterio invita a descubrir la identidad de Jesús y a escuchar de nuevo la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo”.
Posteriormente, el grupo se trasladó a Caná de Galilea, donde los matrimonios presentes tuvieron la oportunidad de renovar sus promesas matrimoniales. Fue un momento especialmente significativo para recordar la vocación al amor, la fidelidad y la entrega mutua, poniendo de nuevo la vida matrimonial bajo la mirada de Jesús, que quiso realizar allí su primer signo durante una celebración de bodas.
Por la tarde, los peregrinos visitaron Nazaret, ciudad que conserva la memoria de la vida oculta de Jesús y del sí de María al proyecto de Dios. En la Basílica de la Anunciación celebraron la Eucaristía, haciendo memoria del misterio de la Encarnación y de la disponibilidad de María, cuya respuesta abrió un camino nuevo para la historia de la salvación.
Junto al mar de Galilea, tras las huellas de Jesús
La jornada de hoy, miércoles, está dedicada a algunos de los lugares más significativos de la vida pública de Jesús en torno al mar de Galilea.
Los peregrinos visitarán el monte de las Bienaventuranzas, donde Jesús proclamó el camino de la verdadera felicidad y presentó las actitudes que deben caracterizar a sus discípulos. También conocerán Tabgha, lugar relacionado con la multiplicación de los panes y los peces, y el Primado de Pedro, donde la tradición sitúa el encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos y la confirmación de Pedro en su misión pastoral.
La jornada incluirá un paseo en barca por el mar de Galilea, una ocasión para contemplar el paisaje en el que Jesús llamó a sus primeros discípulos y anunció el Reino de Dios. El día concluirá con una liturgia penitencial, que ofrecerá a los participantes un tiempo de oración, revisión de vida y preparación interior para continuar el camino de la peregrinación.
Renovar las promesas bautismales y llegar a Belén
Mañana, jueves, los peregrinos continuarán su recorrido por el entorno del lago de Galilea, donde tendrán la oportunidad de renovar las promesas bautismales. Este gesto ayudará a recordar el compromiso adquirido en el Bautismo y a renovar el deseo de seguir a Jesucristo con una fe más consciente y comprometida.
Posteriormente, el grupo se trasladará a Belén, donde pasará la noche. La llegada a la ciudad del nacimiento de Jesús abrirá una nueva etapa de la peregrinación, marcada por la contemplación del misterio de la Navidad y de la cercanía de Dios, que quiso hacerse hombre y compartir nuestra condición humana.
Una peregrinación para volver con el corazón renovado
Más allá de las visitas y los lugares recorridos, esta peregrinación organizada por la Unidad Pastoral Virgen de la Barquera quiere ser una auténtica experiencia espiritual y comunitaria. La celebración de la Eucaristía, la oración compartida, la renovación de las promesas matrimoniales y bautismales y la liturgia penitencial ayudan a que el viaje no se quede en una experiencia exterior, sino que toque el corazón de cada participante.
Los 54 peregrinos están recorriendo la tierra de Jesús con la ilusión de descubrir de nuevo la riqueza del Evangelio y de fortalecer los lazos que los unen como comunidad cristiana. Cada etapa ofrece la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios desde los lugares donde resonó por primera vez y de preguntarse cómo hacerla vida en nuestras familias, parroquias y ambientes cotidianos.
Porque peregrinar a Tierra Santa es mucho más que visitar los escenarios de la historia cristiana: es dejarse encontrar por el Señor, renovar la fe y regresar a casa con el deseo de anunciar, con palabras y obras, la alegría del Evangelio.
Cincuenta y cuatro peregrinos, un mismo camino y una misma esperanza: encontrarse con Jesús en su propia tierra para llevar su Evangelio a la vida de cada día.




