El domingo 8 de noviembre, se celebra el Día de la Iglesia Diocesana. Este año, con el lema Dios cuenta contigo.
“Ese día, queremos invitar a todos a sentirse parte de la Iglesia Diocesana y a descubrir que todos tenemos algo que ofrecer”, indica Manuel Moxó, vice ecónomo de la Diócesis. “Pedimos oración, porque necesitamos poner nuestra misión en manos de Dios. Pedimos tiempo y compromiso, porque la Iglesia se construye con personas que participan, acompañan y sirven. Y pedimos también colaboración económica, porque toda esta actividad necesita recursos para mantenerse”.
“Pero -insiste- claramente queremos transmitir un mensaje de pertenencia y corresponsabilidad. La iglesia no es únicamente lo que hacen los sacerdotes, los religiosos o quienes trabajan en sus instituciones. La iglesia somos todos los bautizados, cada uno desde su vocación y sus posibilidades”.
A su juicio, “el día de la Iglesia Diocesana es una invitación a mirar todo lo que compartimos, y a preguntarnos qué podemos aportar personalmente. Porque, cuando cada uno pone algo de sí mismo, la comunidad crece y podemos llegar más lejos, especialmente hasta quienes más necesitan nuestra cercanía”.
Aportación económica
Manuel reconoce que, “el día de la Iglesia Diocesana muchas veces lo asociamos a una petición económica. Pero, sin embargo, es mucho más que eso. Es una oportunidad para recordar que la Iglesia es nuestra, que formamos parte de ella y que todos tenemos algo que aportar. La iglesia no es una institución ajena a nosotros, sino una comunidad de creyentes que comparte una misma fe y una misma misión. Por eso, esta jornada quiere ayudarnos a tomar conciencia de todo lo que hacemos juntos y de la responsabilidad que tenemos de sostenerlo”.
Asegura que “el dinero es necesario, pero es un medio, no un fin. El verdadero objetivo es anunciar el Evangelio, celebrar la fe y estar cerca de quienes más lo necesitan”.
“A veces -comenta- podemos pensar que la labor de la iglesia se realiza únicamente con buena voluntad. Por supuesto, esta buena voluntad es imprescindible. Pero también hacen falta recursos. Mantener una parroquia abierta, atender a las personas, formar a catequistas, acompañar a los jóvenes, sostener la actividad de los sacerdotes o conservar nuestro patrimonio requiere medios económicos. Detrás de cada actividad hay personas, instalaciones, suministros y gastos de mantenimiento”.
“La economía diocesana -afirma- tiene precisamente esa finalidad: administrar los recursos de manera responsable para que la misión evangelizadora pueda desarrollarse”.
Para el vice ecónomo de la diócesis, “hay tres formas fundamentales de colaborar” con el sostenimiento de la Iglesia, y son “el tiempo, las cualidades personales y los recursos económicos. Todos sin duda podemos aportar algo, aunque nuestras circunstancias sean diferentes. Hay personas que colaboran como catequistas, visitan enfermos, acompañan a mayores que viven solos, participan en Cáritas o ayudan en las celebraciones y en las actividades parroquiales. Otras aportan conocimientos profesionales, su experiencia o su capacidad de organizar y acompañar. Y también está la colaboración económica, que permite sostener muchas de estas iniciativas”.
“Lo importante -incide- es que cada uno encuentre su manera de participar. La iglesia no necesita únicamente colaboradores o donantes: necesita personas que se sientan parte de la comunidad”. Es decir, “que puedan contribuir, cada uno según sus posibilidades, a la misión compartida”.
En nuestra diócesis, “hay miles de personas que reciben formación; comunidades que celebran la fe; sacerdotes y consagrados que acompañan a los fieles; y tenemos un patrimonio que forma parte de nuestra historia y de nuestra identidad cultural. Todo ello supone una gran riqueza humana y espiritual. Pero también una responsabilidad”.
Además, “los edificios necesitan mantenimiento, los centros deben afrontar sus gastos, y las actividades pastorales requieren recursos. Nuestra obligación es administrar todo ello con rigor, procurando que cada euro se utilice de la mejor manera posible y contribuya a mantener viva esta misión”.
Acción social de la Iglesia
Otra de las actividades que realiza nuestra Iglesia diocesana, muy considerable, es la acción social. “Creo que este es uno de los aspectos que mejor permiten comprender el sentido de la economía diocesana”, advierte.
Y, es que, “la iglesia no solo anuncia el Evangelio con palabras, sino también con obras concretas de acogida, acompañamiento y, por supuesto, servicio. Detrás de cada cifra hay personas con nombres, historias y necesidades reales. Hay familias que atraviesan dificultades económicas, mayores que necesitan compañía, enfermos que requieren atención, personas que luchan por superar una adicción, y madres y familias que precisan apoyo en momentos difíciles”.
Confiesa que “la labor social de la iglesia pretende que nadie se sienta solo ni quede olvidado. Pero, para hacerlo posible, necesitamos profesionales, voluntarios, instalaciones y recursos. Por eso, cuando colaboramos con la iglesia, no estamos sosteniendo únicamente una estructura. Estamos contribuyendo a que esta ayuda llegue a personas concretas y transforme sus vidas”.
Cuentas claras
Con motivo del Día de la Iglesia Diocesana, la diócesis ha hecho públicas las cuentas correspondientes al ejercicio 2025. “Es una cuestión de responsabilidad y de transparencia”, afirma Manuel. “Los recursos que recibimos proceden en buena medida de la confianza y de la generosidad de los fieles, y debemos explicar con claridad de dónde vienen y a qué se destinan. Presentar las cuentas permite que cualquier persona interesada pueda conocer la realidad económica de la diócesis, sus principales ingresos y gastos, y el esfuerzo que supone mantener la actividad pastoral, social y patrimonial”.
“Además -añade-, la transparencia no consiste solamente en publicar unas cifras, también significa explicar qué hay detrás de ellas, por qué se toman determinadas decisiones y qué resultados se consiguen. Nuestra obligación siempre es administrar los recursos con austeridad, responsabilidad y sentido de misión, buscando el mayor beneficio pastoral y social posible”.
“En términos generales -aclara-, la parte más considerable de los recursos se destina a sostener la actividad ordinaria de la iglesia: las parroquias, el personal, los inmuebles y todos los gastos necesarios para mantenerlos en funcionamiento”, aunque “una parte muy importante también se dedica a las acciones pastorales y asistenciales”.
Suscripciones, herencias y legados
Una forma de colaborar económicamente con la Iglesia es a través de las aportaciones que se realizan en las colectas. Pero también existen otros medios.
“Todavía hay personas que desconocen las ventajas de realizar aportaciones periódicas a la iglesia. Una suscripción o donación periódica permite colaborar de una manera estable, facilita la planificación económica y ayuda a sostener las actividades durante todo el año, no solo cuando llega una campaña concreta. Además, las donaciones a la iglesia pueden dar derecho a deducción en el impuesto de la renta, siempre y cuando se cumplan los requisitos establecidos por la normativa fiscal vigente en cada momento. Esto significa que el coste efectivo de la aportación puede ser inferior a la cantidad donada”.
Como ejemplo, “una aportación de 250 € puede llevar a que Hacienda nos devuelva 200, por lo que el coste real sería solamente de 50 euros. Por eso, animaría a quienes deseen colaborar a informarse en su parroquia o en la administración diocesana sobre cómo realizar una suscripción, cómo obtener el correspondiente certificado de donaciones y qué deducción les pudiera corresponder. Una aportación periódica, incluso modesta, puede ser de gran ayuda cuando hay muchas personas que se comprometan de esta forma estable”, remarca.
También se puede colaborar a través de las herencias y legados. “Hay muchas personas que piensan que es el mejor destino para sus bienes, cuando no tienen herederos. O, incluso si los tienen, dedicando solo una parte de la herencia. De hecho, es una parte importante de nuestros ingresos”, concluye.

