La S.I.B. Catedral de Santander acogerá este sábado, 7 de noviembre, la solemne ceremonia de beatificación de 80 mártires del siglo XX de la Diócesis. Se trata de la Causa de don Francisco González de Córdova y 79 compañeros, que serán elevados a los altares en la Misa que presidirá el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, en representación del Santo Padre, a partir de las 11:00 horas. Entre la veintena de cardenales, arzobispos y obispos que asistirán destaca la presencia de los tres últimos prelados que ha tenido la Diócesis, todos ellos también vinculados a la Causa.
Monseñor José Vilaplana Blasco fue quien, a finales de los años 90 del siglo XX, puso en marcha todo el mecanismo para que el proceso comenzara a andar. Confiesa que “la abrí sobre todo para que se mantuviera viva la memoria de unos testigos de la fe que habían llegado hasta dar la vida por el Señor. No podíamos olvidar ese testimonio precioso de personas que supieron morir por Cristo, perdonando y siendo muy coherentes con su fidelidad al Señor”. Reconoce que “la gente me recordaba que estaban ahí esas personas, los cuerpos de muchos de ellos. Y yo consideré que era muy importante iniciar una investigación seria, para que pudiéramos llegar a donde hemos llegado, gracias a Dios: al momento de la beatificación, que tendrá lugar este sábado”.
Para él, “estar en la ceremonia de beatificación supone una acción de gracias, porque podemos contemplar con más claridad, con serenidad y con alegría el testimonio de personas que han sido fieles al Señor hasta la muerte. Yo creo que los mártires son para la Iglesia los hijos más queridos, porque se han asemejado al Señor, no solo en su vida, sino, sobre todo, hasta poder entregar la vida por él”.
Por eso, para asistir a esta beatificación, monseñor Vilaplana regresará este fin de semana a Santander. “He estado hace poco, una semana, para dar un retiro en La Canal. Y don Arturo, el señor obispo, me invitó a presidir el día de los Santos Mártires, patronos de Santander. Para mí siempre es una alegría volver. Santander está en el corazón, y eso ya no sale nunca. Así que, cuando puedes reencontrarte con las personas, y recorrer los mismos lugares donde he podido prestar ese servicio pastoral durante los 15 años que el Señor me concedió, pues es un motivo sobre todo para dar gracias y alabar al Señor”, asevera.
Obtención del ‘Nihil obstat’
Monseñor Vicente Jiménez Zamora también está vinculado con la Causa de don Francisco González de Córdova y 79 compañeros mártires. “Como sabéis -explica-, la inició don José Vilaplana entre el año 2000 y 2004. Y yo la tuve que retomar, recopilando todos los datos. Hice como un trabajo de campo, y envié todo ese material a la Santa Sede para que nos autorizara a abrir la Causa formalmente. La Santa Sede aceptó muy bien, y de buen grado, todo ese material, pero dijo que había que pulir algunos aspectos, profundizar en otros, etcétera”.
“Me tomé el interés también -confirma- de publicar un libro, con la ayuda del padre Cresencio Palomo, que era el delegado para las Causas de los Santos en la diócesis. Ese libro era sobre los santos, beatos y mártires de la persecución religiosa en Santander. Y también pedí el ‘Nihil obstat’, o sea, la autorización para abrir formalmente la Causa. Y eso llegó en 2016, estando ya como obispo don Manuel Sánchez Monge. Él es el que ha hecho todos los trámites formales de apertura diocesana, de clausura, de enviar a Roma… Y, fruto de todo esto, como sabemos, el Papa aprobó el decreto de beatificación el pasado 22 de mayo. Ese ha sido el íter que se ha seguido. Es decir, yo intervine en el estado intermedio: mi tarea fue proseguir los trabajos de don José Vilaplana, y dejar el terreno preparado para los trabajos de don Manuel Sánchez”.
Este sábado asistirá a la beatificación. “Para mí, supone un día de acción de gracias a Diospor este regalo tan inmenso que nos otorga de 80 nuevos beatos, mártires en nuestra diócesis de Santander, que son también mártires, beatos para toda la Iglesia Universal. Y también, por supuesto, un día de júbilo, de alegría, de gozo, porque la Iglesia con esta beatificación no pretende abrir viejas heridas de la guerra civil, ni mucho menos, sino cumplir con un deber de justicia y de gratitud hasta estos hermanos nuestros que fueron testigos valientes de la fe, también promotores de reconciliación en medio del odio y de la división, y que, sobre todo, dieron la vida por amor a Cristo y en defensa de la fe de la Iglesia. Por eso, es un día de gran júbilo y de gran acción de gracias”, insiste.
“Desde que dejé Santander en diciembre de 2014, para venir como arzobispo a Zaragoza, he regresado en cuatro ocasiones: para la toma de posición de mi sucesor, don Manuel Sánchez Monge, para un homenaje que me hizo la diócesis, porque tuve que salir rápidamente a tomar posesión de Zaragoza y no tuve tiempo de despedirme adecuadamente; en la toma de posición del actual obispo, don Arturo Ros; y, por último, el año pasado, en el mes de julio, en Monte Corbán, en un curso que había para seminaristas de toda España organizado por la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, de la que formo parte, y en el que tuve algunas ponencias y celebraciones. Por tanto, para mí, la diócesis de Santander que peregrina en Cantabria y en el Valle de Mena, es parte de mi corazón. Es uno de los lugares de mi alma”, remarca.
La fase diocesana de la Causa se inició en 2016, siendo obispo de Santander monseñor Manuel Sánchez Monge. Y fue clausurada en julio de 2018, por el mismo obispo, que también estará presente en la beatificación.
Gran conocedor de la Causa, asegura que “lo que más me ha impresionado de la misma es, por un lado, el número de mártires: son 80. Es verdad que tenían que ser más, pero hubo diócesis y congregaciones que pidieron llevar por su cuenta la Causa de algunos mártires, bien porque habían nacido en su territorio, o porque pertenecían a su congregación. Pero, a pesar de todo, es una Causa muy abultada en número, sobre todo para una región como Cantabria”. Además, prosigue, “para mí es muy significativo que, antes de ser apresados y martirizados, todos manifestaran públicamente que perdonaban a sus enemigos. Diversidad de estilos de vida, porque unos eran sacerdotes, otros religiosos, otros seminaristas, y también hay laicos, pero, insisto, todos ellos perdonaron a sus enemigos”.
“Es cierto -apunta- que abundan los sacerdotes. Pero el número de mártires, además de numeroso, es variado. Solo por mentar uno: el que era párroco de Santoña en el momento de su detención, que es además el que encabeza la Causa: Francisco González de Córdova… Cuando lees algunos rasgos de su vida, descubres que son fuertemente impresionantes. Un sacerdote que sabe que corre peligro, pero que no quiere abandonar a sus feligreses; y no solo se queda en su parroquia, sino que le prohíben celebrar Misa, y la celebra en privado. Una personalidad recia y consolidada, que le ayudará a afrontar las penalidades y el martirio con la valentía con la que lo asumió”.
El prelado no quiere pasar por alto el trabajo desarrollado por quien fuera el último postulador de la Causa, Alejandro Benavente. “Hay cosas que yo pensaba que eran sencillas, como la obtención de reliquias. Sin embargo, hay que cumplir un protocolo muy estricto, con muchos detalles, que implica mucho trabajo; y, más, cuando estamos hablando de tantos mártires. Llevar una Causa de 80 mártires conlleva mucho trabajo”, insiste.
Presente estos días en Santander, indica que, para él, “es una gran ilusión poder compartir con toda la diócesis un acto tan solemne como la beatificación. A partir de ahora, hay que contar con ellos. Es una Causa muy significativa, tanto por el número como por la calidad de las vidas de los Siervos de Dios. Por eso, el sábado será un día de gozo, en el que veré compensadas las inquietudes y las dificultades que ha habido durante la fase diocesana de la Causa”.
“Quiero estar en las tres celebraciones que se han organizado, tanto la vigilia del viernes como la beatificación del sábado y la Misa de acción de gracias del domingo. No faltaba más”, concluye.


