Las Jornadas Martiriales abordan en su sesión inaugural la beatificación de los 80 mártires del siglo XX de la Diócesis

Jornadas martiriales

La Sala Manuel Sánchez Monge ha acogido este viernes, 23 de octubre, la inauguración de las XIV Jornadas Martiriales organizadas por la Asociación de Amigos de los Mártires de Barbastro-Monzón (AMABAN) en colaboración con la Catedral de Santander y la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). Un encuentro que, con el lema In odium fidei, se desarrollará hasta el domingo con un amplio programa de actividades.

Inauguradas con la presencia de monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ, obispo auxiliar de Madrid, la ponencia inaugural fue impartida por Jorge López Teulón, que presentó ejemplos de mártires de la diócesis de Toledo, de la que él es postulador. A continuación, el padre Francisco Rafael de Pascual, OCSO, habló de los mártires de Cóbreces.

La jornada continuó con una mesa redonda centrada en los 80 mártires del siglo XX de la diócesis de Santander, que serán beatificados el próximo 7 de noviembre. Moderada por Alejandro Benavente, delegado diocesano para las Causas de los Santos, contó con las aportaciones de Antonio de los Bueis Güemes, de Santander, y José Juan Hernández Deniz, párroco de San Nicolás de Bari, de Avilés.

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En su intervención, Alejandro dio a conocer la Causa de Francisco González de Córdova y 79 compañeros mártires: 67 sacerdotes, tres religiosos, tres seminaristas y siete laicos. “Todos ellos, honra y predio de nuestra diócesis de Santander”, porque “el mejor patrimonio es el de nuestros mártires”. “La condición martirial de la vida cristiana -aseguró- es la mejor medicina contra la tibieza y la secularización propias de este momento actual de nuestro mundo y de nuestra sociedad”.

Barco prisión Alfonso Pérez

Por su parte, Antonio de los Bueis hizo alusión cartel de las jornadas, en el que aparecen dos lugares martiriales de Cantabria, uno de ellos, el conocido barco prisión Alfonso Pérez. “Las cárceles estaban llenas de la persecución religiosa”, explicó, “y, como no tenían dónde meterlos, piensan en lo más macabro: las cuatro bodegas horribles, sucias, de este barco” por el que llegaron a pasar “hasta 1700 presos.  Cuatro bodegas, como digo, inmundas, con insectos, con humedad, con frío, con ese movimiento que no te deja dormir, con cuerpos doloridos que vienen de las checas…”. Además, “no tienen ventanas” por lo que “no hay conciencia de cuándo es de noche y cuándo es de día”, lo que facilita que se pierda “la noción del tiempo”.

En este ambiente, comentó, “había tiempo para la diversión, para el ocio… Son muchas horas” así que “hay tiempo para todo, pero principalmente para rezar”. Para Antonio, “oración martirial”, porque, “por los testimonios que hemos obtenido, son conscientes de que en cualquier momento pueden morir”. En este sentido, reconoció que “el rosario va a ser el protagonista, día y noche, en los rincones de las bodegas, en cualquier esquina”. En referencia a la oración, apuntó que Francisco González de Córdova “quería bendecir a sus hermanos, quería darles el último aliento de despedida, confesión si hacía falta; no se lo consintieron: no pudo ser el último, pero va a ser el primero de los beatificados”.

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A continuación, mencionó a alguno de los próximos mártires, asesinados en el Alfonso Pérez. Como Eliseo Alonso Pumarejo, que dijo “ahora el barco es mi parroquia”. Y, es que, celebraban la Misa de forma clandestina. Y confesaban. Y ayudaban a los compañeros. Maximino de la Virgen del Carmen. “Novicio carmelita, joven de 20 años. Está en Reinosa y es detenido, expulsado del convento y llevado al barco prisión. Después de pasar tres días en los sótanos del ayuntamiento sin comer ni beber, llegó destrozado al barco. Pues a sufrir, como los demás. Y el día 27 de diciembre, cuando se produce el ataque al barco, ráfagas de ametralladora, disparos a las bodegas, con lanzamiento de bombas de mano, él, con su cuerpo protege a un padre de familia de Reinosa”, lo que le salva la vida. O José Susilla Bustamante, “seminarista, jovencísimo”, del que recitó un fragmento de una poesía por él escrita: “Pronto, Señor, nos veremos en tu casa solariega”.

Luis Mosquera Carmelo, el juez de Santoña. Un hombre “que puso el corazón de Jesús en el centro de su vida, y en el centro de su familia”. Su delito, “defender a su amigo párroco, don Francisco González de Córdova. Le prohíben decir misa, le prohíben tocar las campanas, le quitan los libros parroquiales, las llaves de la iglesia, convierten la Virgen del Puerto en un almacén de explosivos… No puede ser. Pues el juez le defiende, y le dice: ‘Haga copia de los libros, no se puede perder esta información’. Los republicanos se enteran: ‘Tú, por ser amigo del cura, los dos al barco prisión’”. “Por ser católico tengo menos libertad’, decía”.

O Francisco Sánchez Trallero, “un joven de Acción Católica, de la Asociación Católica de Propagandistas, que ingenuamente pensaba: ‘Yo no he hecho nada, a mí no me van a hacer nada, yo amo a España y amo a Dios’”. “Esos fueron sus delitos”, señaló.

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En el cielo nos veremos

De los testimonios recogidos de familiares y supervivientes del barco, se sabe que “’en el cielo nos veremos’ era la frase más repetida”.

Otro mártir, ya elevado a los altares, es José María Corbín. “Vino unos días a Santander, a la Magdalena, a un curso de verano, y por ir a misa a las Esclavas es detenido y llevado al barco prisión”. Y tres mártires ya beatificados. “Alfredo Parte, escolapio. Cojo de una pierna, cuando es llamado a cubierta para ser fusilado, dijo: no necesito muletas para subir al cielo’”. O Ambrosio de Santibáñez, capuchino de Montehano.

Manuel Arizcun Moreno, navarro, de Acción Católica. “Padre de familia, tiene nueve hijos. Está de vacaciones en Suances”, y “no pasó por el barco por capricho de Neila” que “decidió tirarlo directamente al mar, atado de manos y pies, anclado en el fondo marino. Su cuerpo milagrosamente aparece en Galizano”. “Tenía nueve hijos -prosiguió- y vendrán muchos familiares a la beatificación”. José María Soler, “modelo para los maestros católicos, porque fue presidente de los maestros españoles. Fue martirizado en el seminario de Corbán”.

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Perdón

“Los mártires perdonan” y “nosotros también”, aseveró Antonio. A continuación, evocó la figura de un médico, Juan Fernando, que pasó por el barco, aunque no murió aquel fatídico 27 de diciembre de 1936.  “Un héroe de la Eucaristía. Vive Ruente, al lado de la iglesia. Ve cómo llegan a profanar su parroquia” así que “coge el Copón con Santísimo, lo lleva al monte, y lo esconde. Al bajar, uno de los vecinos lo delata”, siendo conducido al barco. “Detenido por amor a la Eucaristía”, dijo que “no murió mártir, si hubiera muerto, sería un candidato seguro al a la beatificación”. Gracias a su hija, añadió, “tenemos testimonios preciosos: el hambre que pasan, jaculatorias, bendiciones, recuerdos a la familia”.

José María Burgón, “otro superviviente, tenía un gran amor a la Virgen del Carmen. Conservaba un escapulario, lo tenía en su mano en el momento de la ejecución” y “milagrosamente, el tiro se desvía, le dan por muerto, y al día siguiente día le encuentran vivo, le llevar al hospital y salva su vida”.

“Este 7 de noviembre, será un día grande para la diócesis, para toda la iglesia. Que la oración de los mártires se haga presente” y “que siga la fe de los mártires. Que ellos no nos abandonen”, concluyó.

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Mártires de Asturias

El encuentro finalizó con las aportaciones de José Juan Hernández Deniz, quien comenzó hablando de los mártires de Turón (Asturias), ya que, “en la noche del 8 de octubre de 1934, ocho hermanos de la Salle y un sacerdote pasionista se convirtieron en las primeras víctimas in odium fidei de la revolución de Asturias”.

“La historia de esta comunidad educativa alberga un matiz de singular dramatismo y testimonio humano”, declaró, ya que “los religiosos desempeñaban su labor en el colegio de Nuestra Señora de Covadonga de Turón, donde instruían gratuitamente a los hijos de las familias obreras de las minas. El respeto y la gratitud de los vecinos hacia los profesores eran tan profundos que los milicianos no encontraron a nadie que quisiera poner fin a sus vidas. Para llevar a cabo la ejecución, los piquetes tuvieron que acudir a las cercanas localidades de Mieres y Santullano en busca de ejecutores ajenos a la comunidad escolar de Turón”. Todos ellos canonizados. Entre ellos, “san Aniceto Adolfo, 22 años, el más joven de la comunidad, procedente de Celada Marlantes en Cantabria” que “el mismo día del estallido de la Revolución celebraba su cumpleaños”. Y “san Augusto Andrés, 24 años”, también cántabro de nacimiento.

Recordó a otros mártires asturianos, como Ángel Cuarta Cristóbal y sus cinco compañeros del seminario, beatificados en la catedral de Oviedo en 2016. O los mártires de Nembra, “un grupo de cuatro católicos: un sacerdote diocesano y tres laicos de la parroquia de Santiago Apóstol en la localidad minera de Nembra”. “Todos ellos -indicó- formaban parte de la Adoración Nocturna española”.

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