Este martes, 15 de septiembre, fiesta de Nuestra Señora Bien Aparecida, la Delegación diocesana para la Discapacidad se unió a los miles de fieles que peregrinaron al Santuario de la Virgen para comenzar el curso pastoral bajo la protección y el cuidado de nuestra Madre.
Un autobús completo de personas con discapacidad, familiares, amigos y miembros de la comunidad parroquial de Santa María de los Ángeles partía a las 9 de la mañana de la estación marítima de Santander con rumbo al Santuario. Un grupo de personas que viajaban en el mismo se animaron los últimos cinco kilómetros a subir caminando.
En la explanada del Santuario se encontraron todos los miembros de la Delegación, en la zona reservada para ellos por los padres Trinitarios, que cada año preparan con delicadeza su acogida y participación.
A las 12:00 horas asistieron a la celebración de la Eucaristía presidida por el obispo diocesano, monseñor Arturo Ros, e interpretada a la lengua de signos por la intérprete de la Delegación, Rocío Bedoya. Además, el delegado, Jaime Gutiérrez, concelebró con los sacerdotes presentes.
En el transcurso de la Misa, pudieron ofrecer una cesta de flores a la Virgen como signo de su cariño y gratitud, porque siempre camina con ellos.
Una vez terminada la Eucaristía, compartieron una comida fraterna, a base de paella, en el Colegio de los Paúles, en Limpias. Después de un rato de convivencia, juegos y paseos por la naturaleza emprendieron el camino de regreso a Santander, con gran satisfacción y gratitud por el día vivido.
Con alegría y entusiasmo en el corazón se disponen a comenzar este curso pastoral de la mano de nuestra Madre. Con el deseo y la esperanza de que Ella les siga auxiliando en cada una de sus tareas y proyectos, para que sepan ser testigos del Evangelio y acompañar a todas las personas con discapacidad al encuentro con su Hijo.

