En la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el Custodio de Tierra Santa recuerda que la Cruz es esperanza

Misa exaltación Santa Cruz en Potes

En la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, el Monasterio de Santo Toribio de Liébana ha acogido esta mañana una solemne Eucaristía. Presidida por el obispo de la diócesis, monseñor Arturo Ros, en ella han concelebrado el padre Franceso Ielpo, OFM, Custodio de Tierra Santa, el vicario general, Álvaro Asensio, el Custodio del monasterio, padre Rafael Rizo, O.F.M., los vicarios episcopales para la Evangelización, Óscar Lavín, la Acción Caritativa y Social, Ricardo Alvarado, y el Clero, Jesús Casanueva, el canciller secretario, Alberto García, el rector del Seminario, Alejandro Castillo, el párroco de Potes y arcipreste de Liébana, Elías Hoyal, y sacerdotes de la comarca.

La Misa, que ha dado comienzo después del acto institucional de hermanamiento del Monasterio con la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, ha contado con la participación de autoridades civiles, como la vicepresidenta del Gobierno regional, Isabel Urrutia, el consejero de Cultura, Luis Martínez, la directora de la Fundación Camino Lebaniego, Pilar Gómez Bahamonde, y numerosos alcaldes de la zona. También han asistido cientos de fieles, devotos, y peregrinos, además de los miembros de la Cofradía de la Santísima Cruz.

En su homilía, el padre Ielpo recordó que “la fiesta que celebramos hoy tiene un significado especial por el hermanamiento entre este santuario de Santo Toribio de Liébana, que custodia la mayor reliquia del Lignum Crucis, y el Gólgota de Jerusalén, el lugar donde esa cruz fue levantada. Dos lugares lejanos, pero unidos por un mismo misterio: el misterio de la cruz, el misterio de un amor que llega hasta el final”.

Procesión de inicio de la Misa en la Exaltación de la Santa Cruz

En alusión a la primera lectura proclamada, explicó que “el desierto en la Biblia no es solamente un lugar geográfico” sino “el lugar de la prueba y de la transformación. Es el lugar donde desaparecen nuestras seguridades y somos llamados a decidir en quién ponemos nuestra confianza”. “La tentación”, dijo, “es siempre la misma: confiar en Dios o confiar únicamente en nosotros mismos”. Porque, “cuando todo sucede según nuestros proyectos” es fácil creer”, pero lo “difícil es seguir confiando cuando llega el desierto”.

Para el padre Ielpo, “lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el espíritu del hombre. Hay que mirar a la cruz”. Aunque “la cruz, humanamente hablando, es una paradoja”, ya que “un instrumento de muerte” se convierte “en fuente de vida”. La respuesta está en que, “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su hijo único. Esto es lo que vemos cuando miramos a la cruz, un gran amor”.

“La cruz -prosiguió- no nos muestra solamente hasta qué punto el hombre es capaz de hacer sufrir. Nos muestra sobre todo hasta dónde Dios es capaz de amar. Y por eso hoy exaltamos la cruz. No exaltamos el dolor, la violencia la muerte. Exaltamos el amor que, en medio del dolor y de la muerte, permanece fiel hasta el final”.

Procesión de entrada con el Lignum Crucis“La cruz -añadió- nos muestra una lógica completamente distinta de la nuestra”, ya que “no nos promete una vida sin sufrimiento. Nos dice algo mucho más grande: ya no existe sufrimiento alguno en el que Dios no pueda estar presente. Por eso, la cruz no explica con palabras. La cruz se atraviesa, y es atravesándola con Cristo como descubrimos que también el lugar de la prueba puede convertirse en el lugar donde Dios se manifiesta como amor”.

En este sentido, hizo alusión a la situación que se está viviendo en Tierra Santa. “Nuestra tierra está atravesando un largo desierto, un desierto hecho de guerra, miedo, violencia, sufrimiento y falta de perspectivas. Desde el Gólgota nosotros, los cristianos, no podemos ofrecer explicaciones fáciles. Pero podemos señalar una cruz y decir: ‘Dios no ha abandonado al hombre’. En el Gólgota, Dios entró en la herida de la humanidad”. “A pocos pasos del Gólgota -señaló- hay un sepulcro vacío. Vacío. Por eso, la cruz es esperanza”, ya que “lleva ya dentro de sí la promesa de la resurrección”.

Misa exaltación Santa Cruz en Potes“Aquí, en Santo Toribio”, comentó, “custodiáis una preciosa reliquia del modelo de la cruz. En Jerusalén, nosotros custodiamos el lugar donde aquella cruz fue levantada. Pero ambos estamos llamados sobre todo a custodiar y anunciar el significado de la cruz. Desde Jerusalén, el Gólgota sigue diciendo: tanto amó Dios al mundo… Desde Liébana, el Lignum Crucis sigue recordándonos que este amor llegó hasta la cruz”.

“La cruz -insistió- nos señala un camino diferente. El mal no se vence multiplicándolo, sino con un amor más grande”. Por eso, invitó a mirar “hacia Jerusalén, hacia el Gólgota”. Y, desde el Gólgota, “hacia el sepulcro vacío. Este es el camino de nuestra fe. Del desierto a la confianza. De la tentación al abandono en Dios. De la cruz a la vida. De la herida a la esperanza. Porque la cruz no dice que hemos sido amados. Amados sin medida. Amados hasta el final”, concluyó.

Misa Santo Toribio

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