El pasado mes de agosto, Proyecto Hombre Cantabria y la Fundación Marqués de Valdecilla firmaban un convenio de colaboración para el desarrollo de un programa de atención sociosanitaria dirigido a personas con problemas de adicción, con o sin sustancias.
Como explica Eloísa Velarde, directora de Proyecto Hombre Cantabria, “este convenio supone un respaldo fundamental para garantizar la continuidad de un recurso que ofrece a las personas con problemas de adicciones un espacio de atención, acompañamiento y recuperación adaptado a sus circunstancias”.
Se refiere, en concreto, al Programa SOCAIRE, “en el que el acompañamiento sanitario, psicológico, educativo y social resulta esencial para avanzar en los procesos de recuperación y favorecer una mayor autonomía y una adecuada integración social”.
“SOCAIRE -apunta- es uno de los recursos de tratamiento de la Fundación Cescan. Para acceder a él es necesario pasar una valoración, para acoger a la persona, saber cómo llega e individualizar su proceso, y acoger también a su familia. No tenemos lista de espera, e intentamos que cuando una persona llama pidiendo ayuda, tenga de inmediato una primera cita informativa”. “Este recurso -prosigue- está dirigido a personas con adicciones, con o sin sustancia, que requieren un proceso educativo y terapéutico, estructurado, con mayor grado de contención que los programas ambulatorios”.
El programa consta de tres fases. “La primera es la residencial, con pernocta de lunes a viernes. Tiene una duración de unos 3 meses. Durante la misma se realiza una intervención intensiva, se intenta que la persona adquiera rutinas a nivel educativo, y se realiza un trabajo terapéutico inicial”.
“La segunda fase -añade- es la de centro de día. Se trata de dar continuidad al proceso sin pernocta, reforzando habilidades y favoreciendo la integración social en el entorno habitual de la persona de forma progresiva. Esta etapa puede durar entre 8 y 10 meses”.
“Después pasamos a la fase ambulatoria, más conocida como reinserción. Es compatible con la incorporación o mantenimiento de la actividad laboral. Su objetivo está orientado a consolidar los cambios adquiridos en las fases anteriores, y prevenir recaídas. La duración es aproximadamente de un año”.
“Al finalizar este proceso, -comenta- se le concede a la persona su alta terapéutica con una celebración por los logros conseguidos. Después, se ofrecen dos años de seguimiento para apoyar durante más tiempo, y que su desvinculación de Proyecto Hombre sea gradual”.
“Actualmente -indica- en este recurso hay 43 personas, en las distintas fases. También se atienden a 133 personas de su entorno familiar, que participan activamente en el cambio de la persona, incluso en el cambio de la dinámica familiar, y amistades, por la importancia del apoyo en su proceso de recuperación”.
Los testimonios de personas que han pasado por el proyecto son muy importantes, y animan a seguir trabajando en la misma línea. Por ejemplo, un hombre de 28 años que actualmente se encuentra en Socaire relata lo siguiente: “Acudir a Proyecto Hombre me costó muchísimo porque tenía mucho miedo de pedir ayuda y que todo mi entorno se enterase de mi problema. Ahora creo que es lo mejor que me ha podido pasar. Es duro y tengo que poner mucho de mi parte, pero merece la pena y sé que tengo el apoyo de mi familia y de las personas que aquí nos atienden Sé que lo lograré, ya que cada vez estoy mejor, más feliz y recuperando mi vida, mis ilusiones, y ser otra vez yo”.
También la madre de un chico que está en Socaire comparte su experiencia. “Poco a poco hemos venido toda la familia e incluso amigos de él para conocer y saber cómo apoyar a mi hijo en el tratamiento, saber las limitaciones con las que tiene que vivir ahora e incluso ir aprendiendo a relacionarnos de otra manera. Nuestra familia también está cambiando muchas cosas después del sufrimiento que hemos vivido. Estar aquí es una salvación. Estábamos muy mal sin saber cómo ayudar a nuestro hijo y aquí hemos aprendido las herramientas necesarias para revivir. Que nuestro hijo esté aquí nos ha venido bien a todos, y gracias a Proyecto Hombre, los grupos de familias, las indicaciones de los profesionales, la sonrisa y la acogida de los voluntarios… estamos viendo la luz en la oscuridad en la que vivíamos. Estamos tremendamente agradecidos y nos sentimos muy afortunados de haber encontrado una salida”, concluye.



