Este miércoles, 28 de octubre, el arciprestazgo de la Virgen Grande, que comprende los municipios de Torrelavega y Cartes, ha recibido la visita del obispo de la Diócesis, monseñor Arturo Ros Murgadas. Un encuentro que se enmarca en las visitas que el prelado está realizando a los arciprestazgos en este primer trimestre del curso pastoral.
La jornada comenzó a las 11:00 horas con la reunión con el equipo sacerdotal de la zona en el monasterio de las Carmelitas, de Sierrapando. Allí compartió un largo momento de oración en el que invitó a los presentes a vivir desde el agradecimiento y la confianza, señalando también que el tiempo de oración luego se transforma en servicio al mundo, porque, lo que Dios hace por dentro, luego se ve en las obras.
En el compartir fraterno animó a los sacerdotes a expresar cómo se encontraban y también a plantear los retos que ven de cara al futuro inmediato. La pastoral con jóvenes, la atención espiritual de los emigrantes, la preparación de los laicos para asumir tareas y ser referentes en las comunidades y la reorganización del territorio no en clave de cerrar, sino de plantear una nueva atención pastoral, fueron los temas del diálogo.
Tras la comida en la comunidad de religiosos de los Sagrados Corazones, a las 18:30 horas se tuvo el encuentro con el Consejo de Pastoral del Arciprestazgo, en los locales de la parroquia de San José Obrero-Virgen Grande. En el coloquio con los miembros del consejo, el obispo se interesó por cómo se sentían después del trabajo realizado el año pasado en clave sinodal y de la reactivación del mismo consejo, cuya actividad llevaba paralizada varios años.
Los consejeros señalaron que habían trabajado mucho y bien, en un buen ambiente de comunión. Como decía uno de ellos, “cuando hacemos cosas juntos, nuestra fe se ve fortalecida, quedamos con alegría en el corazón; mientras que, cuando nos centramos solo en lo nuestro, solo aflora lo negativo, lo que no tenemos, lo que nos falta”. Desde el Consejo de Pastoral del Arciprestazgo se ha propuesto reactivar la pastoral juvenil y el área social. También se planteó el tema de la reorganización del territorio, y se pidió al obispo que se permitiera a los laicos participar en la reflexión sobre este punto.
La visita concluyó con una Eucaristía abierta a todos en la misma parroquia de San José Obrero-Virgen Grande, animada musicalmente por el coro inter parroquial liderado por las parroquias de San Pablo y Cartes. Al comienzo de la Eucaristía, se recordó de un modo especial a las víctimas del accidente ferroviario acaecido ese mismo día en Toledo. En su homilía, en el marco litúrgico de la fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles, el obispo destacó la importancia de ser discípulos misioneros. “Lo más grande y hermoso que hemos recibido como cristianos-dijo- es que Jesús nos ha llamado a ser sus discípulos. Agradezcamos este don animando a otros a conocer y estar con Jesús, sembrando su reino entre nosotros, anunciando con alegría el Evangelio que nos salva y nos da la vida”.
Después de la misa, el obispo saludó personalmente a los presentes. Una jornada gratificante, animadora de todo el trabajo que se está haciendo en la zona.

