Este sábado, 31 de octubre, tendrá lugar la primera asamblea de CONFER de este curso pastoral. Un encuentro que reunirá a medio centenar de consagrados -religiosos y religiosas- de las distintas congregaciones que están presentes en la diócesis.
Como explica el padre Rafael Alonso Crespo, CSSR, párroco de La Inmaculada de Santander, y actual presidente de CONFER, “nos acompañará nuestro obispo, monseñor Arturo Ros. Nos reuniremos en la Sala Manuel Sánchez Monge de la Catedral, a partir de las 17:00 horas. Comenzaremos, como siempre, con una oración. A continuación, dirigiré unas palabras, para dar paso al saludo del obispo. Después, se leerá la memoria de encuentros y actividades que hemos realizado el curso pasado, y la memoria económica. Y, luego, se dará a conocer la programación prevista para este curso, 2026-2027. Como siempre, concluiremos con un rato de convivencia, en torno a un compartir”.
Reconoce que “nuestra principal actividad a lo largo del año es la animación. También tenemos retiros en los tiempos fuertes, como Adviento, Cuaresma y Pascua. Y momentos celebrativos, como la Vigilia de la Inmaculada, el Encuentro Festivo y de Oración de la Vida Consagrada que celebramos el 2 de febrero, con motivo de la Jornada de la Vida Consagrada, la Oración por las Vocaciones, o la Vigilia de Pentecostés. Y solemos terminar el curso con una convivencia”.
“Todo esto -prosigue- sin descuidar a los monasterios contemplativos de la diócesis. Una vez al año, en el mes de enero, después de Reyes, les solemos realizar una visita. Vamos a todos los de la zona Oriental y a los de la zona Occidental de nuestra diócesis”.
Confiesa que, “la labor que hacemos en la diócesis va encaminada más en el sentido de la animación. Hay mucha gente mayor, y tenemos que acompañarlos. Una tarea que consiste en encontrarnos, rezar, vernos, hacer cosas juntos… Porque, después, cada uno desarrolla su carisma en sus propias congregaciones”.
Y, es que, “en este momento, vocacionalmente, no hay una respuesta que garantice un relevo generacional. Por eso, nos tenemos que centrar más en el mantenimiento”, insiste. “En Santander, las congregaciones dedicadas a la enseñanza se mantienen. Las que tienen un carisma de caridad o asistencial encuentran más dificultades. Eso hace que, en muchos casos, se integre a gente de la familia religiosa”. Algo que, desde su punto de vista, “es genial. Como lo es el poder compartir nuestro carisma con la Iglesia diocesana”, concluye.

