Este lunes, 28 de septiembre, darán comienzo en el Seminario de Monte Corbán las 31 Jornadas de Animadores de Lectura Creyente y Orante de la Palabra de Dios.
Alfredo San Juan es miembro del equipo del Servicio Bíblico Diocesano, encargado de organizar el encuentro. “El objetivo -explica- es ayudar a los grupos de lectura creyente y orante de la Biblia a hacer carne la Palabra revelada, a encontrar en ella la razón y la fuerza para el compromiso cristiano. Además de propiciar el encuentro entre las personas que asisten, que están en los grupos de lectura creyente, se pretende ofrecerles una actualización”.
“Las jornadas -apunta- tienen dos momentos. En un primero, y en colaboración con el equipo Bíblico Verbo Divino, vamos a presentar el libro ¿Qué tenemos que hacer?, que es la propuesta que hacemos para el trabajo de este año. Y, en un segundo momento, trabajaremos algo relacionado con el tema, que es la justicia social. Todo ello para que, cuando salgamos del encuentro, tengamos muy claro que la propuesta de este año tiene una difusión muy grande, puesto que, nosotros, ya por el bautismo, somos sacerdotes, profetas y reyes. La idea es que, aparte de las reuniones que podamos tener por grupos, seamos capaces de proyectar todo lo trabajado en la parroquia, que es lo más próximo, y también en nuestras vidas, porque tenemos que ser consecuentes”.
El encuentro de este año presenta novedades. “Vamos a centrarnos en el tema de la justicia social. Saber cómo podemos llevar los textos bíblicos y nuestra propia vida hacia la dignidad de la persona. Eso es lo fundamental. Tenemos que tener en cuenta que en nuestras vidas tenemos personas que sufren, personas que tienen problemas de trabajo, personas que en ocasiones ponen por delante cosas que no son Dios: hay codicia, riquezas, corrupción del alma…”.
Además, añade, “debemos tener presente que nosotros, como cristianos, tenemos que estar metidos en la política, que los políticos se enteren de que los cristianos tenemos nuestras propias opiniones y nuestras propias conclusiones, para que puedan ayudar a la comunidad, al pueblo que les vota, a dar cuenta de lo que hay”. Y, es que, “muchas veces la política va en contra de la religión, pero por desconocimiento. O al revés”.
El libro escogido para estas jornadas, ¿Qué tenemos que hacer?, “nos puede ayudar a que veamos que todos los capítulos que tratamos, todas las sesiones que vamos a tener de reunión, giran en torno a un tema: la persona humana. Sobre todo, lo que la persona humana necesita para crecer, para llegar a un punto de bienestar como ser humano”.
Reconoce que “los apartados del mismo son diversos. Por ejemplo, hay uno que se llama la Casa Común. Eso lo tenemos muy claro, porque los papas han hecho mucho hincapié en ello. Pero también hablamos de paz, de desarme… En el libro también se habla de los migrantes, la imagen viva del pueblo de Dios que está en camino, que busca mejorar, que busca un bienestar que no tiene en sus lugares de origen. Y de la libertad religiosa: de nosotros, que somos cristianos, y nos deben respetar, como también nosotros respetamos a los que no son cristianos. Pero, por desgracia, hay muchas situaciones en las que nuestra libertad religiosa está muy coartada. Es un asunto que debemos trabajar. Y saber cómo poder diferenciar a uno que cree y a otro que no cree”.
Alfredo comenta que las Jornadas surgieron “en la época de monseñor José Vilaplana, dirigidas a toda la diócesis. En un principio eran muy populosas, con el objetivo de que todos tuviesen la posibilidad de llegar a entender la Escritura, leerla y sacar sus propias conclusiones”. “Recuerdo que cuando yo empecé, hace 31 años, había personas del grupo que tenían dificultad para manejar la Biblia. Así que tuvimos que ayudar a que la gente comprendiese cómo se miraba, para después aprender cómo el Señor nos dice cosas”. Confiesa que monseñor Vilaplana “puso mucho empeño en estas jornadas. La verdad es que fuimos la primera diócesis de España en tener algo parecido. De aquí se exportó a otras diócesis, e incluso a Hispanoamérica. Ahora parece que hay más en Hispanoamérica casi que en Europa”.
Después de 31 ediciones, las Jornadas tienen un público muy fiel. “Fundamentalmente, están pensadas para las personas que son animadores de los grupos. Pero no están cerradas: pueden venir personas que no son animadores, y que en un momento dado puedan pasar a serlo”. Remarca que “los animadores de los grupos de lectura creyente tienen que tener muy claro de qué va el libro, pero también saber transmitir los mensajes de la justicia social o de la Doctrina Social de la Iglesia. Porque el animador influye en el desarrollo de las sesiones y, por lo tanto, en lo que puedan llevar luego, a sus casas y a sus comunidades, las personas que asisten al grupo”.
“Es como si ellos tuvieran que presentar algo para que, cuando lo tengan que transmitir, les suene. Y, con algo más de preparación, que hay que hacer antes de cada reunión, lograr que la persona que lo escucha, o el que lo recibe, lo pueda transmitir. Porque, la lectura creyente de la Palabra nos proporciona la formación que necesitamos para entender nuestra fe y, desde ahí, pasar a la acción”, concluye.


